RECUERDOS DE LA NIÑEZ
Finalizando el
verano del año 1945, firmado el documento de rendición de Japón, a bordo del
acorazado Missouri en agua del pacifico, con mar tranquilo y ambiente tenso y
dramático, en presencia del general Douglas Macarthur vestido con uniforme de
verano, es decir gorra de plato, pantalón y camisa con los puños abrochados, y
el resto de los representantes de las potencias aliadas vencedoras del
conflicto; Arribaron al barco transportados
en una barcaza, los representantes japoneses, encabezados por el de mayor
autoridad que padecía una ostensible cojera, vestido con chaqué y sombrero de copa, seguido de tres
militares de alto rango; después de la lectura del acta de rendición y una
breves palabras del general americano, los mandatarios nipones estamparon su
firma en dicho documento, seguido del ingles el francés y el canadiense; esto
ocurrió el día dos de septiembre. Al mismo tiempo, derrotados los nazis, en
plenos preparativos del juicio de Nuremberg, en el que se juzgaría a los jefes
capturados vivos, pues algunos se suicidaron y otros huyeron fuera del país.
Este comenzaría el 20 de noviembre (fecha emblemática en el calendario político
español),y concluiría con once condenas a muerte; una de ellas, no se llevó a
cabo debido al suicidio del condenado, con una capsula de cianuro que su esposa
le pasó en un beso de despedida, me refiero al mariscal Goering jefe de la luftwaffe,
mas tres a cadena perpetuas. Así se cerraron seis años trágicos de la historia,
de la que no se sacaron suficientes enseñanzas, habida cuenta de los futuros
acontecimientos bélicos que siguen aquejando al mundo, pues la ambición la
tiranía la falta de escrúpulos, siguen campando por sus respetos. Ajenos por
completo a todos estos coetáneos hechos, mis padres sentados a la puerta de la
casa disfrutando del frescor de la tarde, que subía de las choperas, observaban
contentos orgullosos e ilusionados ,como su hijo de cuatro años subía a prisa
la calle, para situarse en la parte mas alta y desde allí lanzarse a toda la
velocidad que sus cortas piernas le permitían; al pasar frente a sus
progenitores, giraba la cabeza hacia la derecha a modo de saludo militar, para
ver si seguía contando con el beneplácito de las dos personas mas importantes
de su vida, su seguro refugio en caso de necesidad, su apoyo en todas las
circunstancias; la escena se repetía una y otra vez hasta el anochecer, cuando
ya cansado y satisfecho por haber ejercitado ese cuerpo, todavía pequeño pero
sobrado de energías., se refugiaba en brazos de su madre, para sentir el cariño
y el calor corporal que olía a rosas y a pan caliente que ya me tenia preparado para la
cena; nada mas terminar de comer era invadido por el sueño de Morfeo, en un
colchón de lana de oveja suave y mullida, después de recibir un beso de buenas
noches, así se cerraba la feliz jornada. Al día siguiente, (después de recordar
los sueños nocturnos, en los que había volado llevando a mi padre a cuestas, lanzándome desde la torre de la iglesia hasta
el otro lado del río Genil,) comenzaba, a continuación del aseo personal que mi
madre me realizaba, recogiendo con una cuchara, la nata que había en la parte
superior después de hervir la leche, algo que me encantaba, seguido de un buen
tazón con tejeringos. Tenia una bicicleta
o triciclo con asiento de cuero muy cómodo, que me servia para recorrer
una y otra vez, todo lo largo de la
acera de mi casa durante gran parte de la mañana, disfrutando con gran regocijo,
cuando sentía el viento en la cara cual si fuera montado en el mas veloz de los
caballos. Como en aquellos años no se entraba al colegio hasta la edad de seis
años, mi madre me enseñaba las primeras letras en una cartilla sobre su regazo,
sentada en una silla, yo de pié a su lado aprendía a distinguir el abecedario,
mientras comía las nueces, que entre letra y letra me partía, de un
lebrillo de fajaláuza que justo al lado se encontraba. En otra
ocasión recuerdo que comprándome unos zapatos de charol, en una zapatería
Granadina, a la pregunta del dependiente, de cuantos años tenia, mi padre le
respondió que cuatro, a lo que yo inmediatamente rectifique asegurando que
tenia cuatro años y medio, diferencia vital para mi forma de medir el tiempo
por aquellas fechas, pues seis meses con
esa edad, es algo de suma importancia que no se debe dejar de constatar, pues
este periodo me acercaba mas a mi entender a esos momentos, en que se comienza a pensar,
en dejar de ser lo que realmente se es, un niño necesitado de todos los
cuidados paternos, periodo que todavía se prolongará por unos años, y que
estábamos tan deseosos de abandonar, queremos crecer rápidamente, tremenda
ilusión y tremendo error, visto desde la óptica después de las decenas de años
trascurridos. Las visitas a mis abuelos paternos dos casas mas abajo en la
misma acera, me llenaba de alegría, pues siempre recibía algún caramelo o
alguna onza de chocolate, que hacían las delicias de cualquier niño. No todo
fueron alegrías, hubo también momentos amargos, en una ocasión sentí rumores
sobre un viaje de mis padres a Málaga, y ante el temor de quedarme en tierra no
quería acostarme, no andaba muy equivocado, pues eso fue lo que ocurrió como
pude comprobar al despertarme por la mañana, fue tal el mal rato que mis llantos gritos y enfado, obligaron a mi abuelo
a cerrar la puerta con llave pues salí corriendo en dirección al apeadero del
tren y no fue poco el esfuerzo que tubo que realizar para alcanzarme, pues
tenia bastante practica de carreras por el ejercicio diario que realizaba; en
aquella situación no lograba entender como se habían podido marchar dejándome
con mi abuela, nunca olvide aquello y cuando tuve uso de razón pedí
explicaciones a mi madre, sobre cual fue el motivo de no llevarme y que
comprendí después de hablar con ella. Mi padre era aficionado a la bicicleta, y
en muchas ocasiones me llevaba sentado sobre un cojín en el cuadro y agarrado a
la parte central del manillar, una tarde observe que faltaba la bici y como
conocía las huellas que el dibujo de las cubiertas dejaba en el polvo del
camino, seguí la pista hasta llegar al lugar en que se encontraba, en una
casilla de peones camineros que había junto a la vía de ferrocarril, bastante
alejado, donde se proveía del tabaco de picadura de procedencia cubana,
(recuerdo alguna de las marcas como el cubanito o las dos onzas de oro prensadas y envueltas en papel de vistoso colorido) cuando
me vio aparecer constaté un gran enfado por su parte, ya que tenia prohibido
alejarme fuera de los limites del pueblo, por temor de los tíos mantequeros que
raptaban a los niños, según decían para extraerle la sangre, algo que nunca he
podido comprobar si esto era cierto o inventado, aunque lo tenia en cuenta, pesaba
mas la necesidad de estar con el y exponerme a un castigo, que quedarme solo sin
saber donde se encontraba, la dependencia filial me obligaba a buscarle sin
temor a las consecuencias; temeroso durante el camino de regreso, sin atreverme
a decir ni una sola palabra, esperaba la reprimenda al llegar a casa, que al
final se limitó, a una promesa por mi parte a cambio de un castigo, de no
volver a repetir nunca mas semejante osadía. Mientras escribo estos renglones,
recordando las vivencias de la niñez, no dejo de pensar en una de las frases
del juez Calatayud,” yo no soy tu amigo soy tu padre “ El oficio con mayor
responsabilidad si se quiere ejercer con cariño y autoridad, pensando
siempre en formar a los hijos, para que
sean miembros útiles a la sociedad, defensores de la familia honrados y
trabajadores, valores que nunca debemos dejar de inculcar, en tiempos de crisis
y en tiempos de bonanza; en un hogar de estas características, siempre
encontraran los hijos refugio consejo y apoyo en la tribulación , pues no hay
mayor satisfacción que la del deber cumplido ,viendo como sus hijos se abren
camino en la vida, ejerciendo y practicando todo lo aprendido en el hogar
paterno. ESTOS SI SON VERDADEROS BROTES
VERDES CON GRAN PODER DE GERMINACION. Recuerdo cuando por motivos que nunca
llegué a saber, mi madre me cambió de cama, lo que fue para mi de una gran
tristeza, pues mi lecho era para mi algo tan personal, tan de mi propiedad que
no pude digerir hasta pasado largo tiempo, aquella sentida perdida, y no es que
fuera peor el que se me adjudicó, simplemente no era el mío. Voy a dar un salto
de seis años y me trasladaré al año 1951 año en que después de haber hecho la
primera comunión, el arzobispo de Granada Don Balbino Santos, hizo una visita
pastoral al pueblo para confirmar a los niños, que todavía no la habíamos
recibido; como la carretera no se veía desde la puerta de la Iglesia , el Sr. Alcalde
envió al guarda rural a situarse en las eras, desde donde se dominaba la ruta,
por la cual debía acercarse el coche, y una vez divisado, disparar dos veces con una escopeta del doce, como
señal para que el Sr. Párroco el Alcalde el Juez de paz el municipal y los
confirmandos se colocaran en estado de revista; la llegada fue
espectacular, creo que sería la primera
vez que esto ocurría, nunca había visto a tan alta dignidad apostólica, bajó
del coche vestido de pontifical todo de color púrpura, desde las zapatillas las
medias los guantes la capa, etc. algo realmente impactante y llamativo, como
también lo fue el momento de arrodillarse para recibir el cariñoso cachete de
su mano y que forma parte del
ceremonial. La despedida se hizo con el mismo protocolo que a la llegada,
seguida de los aprobatorios comentarios de los asistentes respecto de la
solemnidad del acto. Todos estos acontecimientos formaban parte de una manera
de entender la vida, en el ambiente de una sociedad rural, quizás no muy entendible
desde la óptica actual, con tantos medios telefónicos televisivos informáticos
y electrónicos, pero que ha sido el de una generación, que creo ha tenido mucho
que ver en el cambio y desarrollo de nuestra querida ESPAÑA. Una nación
necesitada de personas, que estén dispuesta a hacer todos los sacrificios necesarios para engrandecerla, y no de los
que están empeñados en vivir a costa de ella sin hacer el más mínimo esfuerzo,
convirtiéndose en una carga social imposible de soportar por nuestra mermada
economía.
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