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sábado, 12 de enero de 2013


RECUERDOS DE LA NIÑEZ


Finalizando el verano del año 1945, firmado el documento de rendición de Japón, a bordo del acorazado Missouri en agua del pacifico, con mar tranquilo y ambiente tenso y dramático, en presencia del general Douglas Macarthur vestido con uniforme de verano, es decir gorra de plato, pantalón y camisa con los puños abrochados, y el resto de los representantes de las potencias aliadas vencedoras del conflicto; Arribaron  al barco transportados en una barcaza, los representantes japoneses, encabezados por el de mayor autoridad que padecía una ostensible cojera, vestido con  chaqué y sombrero de copa, seguido de tres militares de alto rango; después de la lectura del acta de rendición y una breves palabras del general americano, los mandatarios nipones estamparon su firma en dicho documento, seguido del ingles el francés y el canadiense; esto ocurrió el día dos de septiembre. Al mismo tiempo, derrotados los nazis, en plenos preparativos del juicio de Nuremberg, en el que se juzgaría a los jefes capturados vivos, pues algunos se suicidaron y otros huyeron fuera del país. Este comenzaría el 20 de noviembre (fecha  emblemática en el calendario político español),y concluiría con once condenas a muerte; una de ellas, no se llevó a cabo debido al suicidio del condenado, con una capsula de cianuro que su esposa le pasó en un beso de despedida, me refiero al mariscal Goering jefe de la luftwaffe, mas tres a cadena perpetuas. Así se cerraron seis años trágicos de la historia, de la que no se sacaron suficientes enseñanzas, habida cuenta de los futuros acontecimientos bélicos que siguen aquejando al mundo, pues la ambición la tiranía la falta de escrúpulos, siguen campando por sus respetos. Ajenos por completo a todos estos coetáneos hechos, mis padres sentados a la puerta de la casa disfrutando del frescor de la tarde, que subía de las choperas, observaban contentos orgullosos e ilusionados ,como su hijo de cuatro años subía a prisa la calle, para situarse en la parte mas alta y desde allí lanzarse a toda la velocidad que sus cortas piernas le permitían; al pasar frente a sus progenitores, giraba la cabeza hacia la derecha a modo de saludo militar, para ver si seguía contando con el beneplácito de las dos personas mas importantes de su vida, su seguro refugio en caso de necesidad, su apoyo en todas las circunstancias; la escena se repetía una y otra vez hasta el anochecer, cuando ya cansado y satisfecho por haber ejercitado ese cuerpo, todavía pequeño pero sobrado de energías., se refugiaba en brazos de su madre, para sentir el cariño y el calor corporal que olía a rosas y a  pan caliente que ya me tenia preparado para la cena; nada mas terminar de comer era invadido por el sueño de Morfeo, en un colchón de lana de oveja suave y mullida, después de recibir un beso de buenas noches, así se cerraba la feliz jornada. Al día siguiente, (después de recordar los sueños nocturnos, en los que había volado llevando a mi padre a cuestas,  lanzándome desde la torre de la iglesia hasta el otro lado del río Genil,) comenzaba, a continuación del aseo personal que mi madre me realizaba, recogiendo con una cuchara, la nata que había en la parte superior después de hervir la leche, algo que me encantaba, seguido de un buen tazón con tejeringos. Tenia una bicicleta  o triciclo con asiento de cuero muy cómodo, que me servia para recorrer una y otra vez,  todo lo largo de la acera de mi casa durante gran parte de la mañana, disfrutando con gran regocijo, cuando sentía el viento en la cara cual si fuera montado en el mas veloz de los caballos. Como en aquellos años no se entraba al colegio hasta la edad de seis años, mi madre me enseñaba las primeras letras en una cartilla sobre su regazo, sentada en una silla, yo de pié a su lado aprendía a distinguir el abecedario, mientras comía las nueces, que entre letra y letra me partía, de un lebrillo  de fajaláuza  que justo al lado se encontraba. En otra ocasión recuerdo que comprándome unos zapatos de charol, en una zapatería Granadina, a la pregunta del dependiente, de cuantos años tenia, mi padre le respondió que cuatro, a lo que yo inmediatamente rectifique asegurando que tenia cuatro años y medio, diferencia vital para mi forma de medir el tiempo por aquellas fechas, pues  seis meses con esa edad, es algo de suma importancia que no se debe dejar de constatar, pues este periodo me acercaba mas a mi entender a esos momentos, en  que se comienza a  pensar,  en dejar de ser lo que realmente se es, un niño necesitado de todos los cuidados paternos, periodo que todavía se prolongará por unos años, y que estábamos tan deseosos de abandonar, queremos crecer rápidamente, tremenda ilusión y tremendo error, visto desde la óptica después de las decenas de años trascurridos. Las visitas a mis abuelos paternos dos casas mas abajo en la misma acera, me llenaba de alegría, pues siempre recibía algún caramelo o alguna onza de chocolate, que hacían las delicias de cualquier niño. No todo fueron alegrías, hubo también momentos amargos, en una ocasión sentí rumores sobre un viaje de mis padres a Málaga, y ante el temor de quedarme en tierra no quería acostarme, no andaba muy equivocado, pues eso fue lo que ocurrió como pude comprobar al despertarme por la mañana, fue tal el mal rato que mis  llantos gritos y enfado, obligaron a mi abuelo a cerrar la puerta con llave pues salí corriendo en dirección al apeadero del tren y no fue poco el esfuerzo que tubo que realizar para alcanzarme, pues tenia bastante practica de carreras por el ejercicio diario que realizaba; en aquella situación no lograba entender como se habían podido marchar dejándome con mi abuela, nunca olvide aquello y cuando tuve uso de razón pedí explicaciones a mi madre, sobre cual fue el motivo de no llevarme y que comprendí después de hablar con ella. Mi padre era aficionado a la bicicleta, y en muchas ocasiones me llevaba sentado sobre un cojín en el cuadro y agarrado a la parte central del manillar, una tarde observe que faltaba la bici y como conocía las huellas que el dibujo de las cubiertas dejaba en el polvo del camino, seguí la pista hasta llegar al lugar en que se encontraba, en una casilla de peones camineros que había junto a la vía de ferrocarril, bastante alejado, donde se proveía del tabaco de picadura de procedencia cubana, (recuerdo alguna de las marcas como el cubanito o las dos onzas de oro prensadas  y envueltas en papel de vistoso colorido) cuando me vio aparecer constaté un gran enfado por su parte, ya que tenia prohibido alejarme fuera de los limites del pueblo, por temor de los tíos mantequeros que raptaban a los niños, según decían para extraerle la sangre, algo que nunca he podido comprobar si esto era cierto o inventado, aunque lo tenia en cuenta, pesaba mas la necesidad de estar con el y exponerme a un castigo, que quedarme solo sin saber donde se encontraba, la dependencia filial me obligaba a buscarle sin temor a las consecuencias; temeroso durante el camino de regreso, sin atreverme a decir ni una sola palabra, esperaba la reprimenda al llegar a casa, que al final se limitó, a una promesa por mi parte a cambio de un castigo, de no volver a repetir nunca mas semejante osadía. Mientras escribo estos renglones, recordando las vivencias de la niñez, no dejo de pensar en una de las frases del juez Calatayud,” yo no soy tu amigo soy tu padre “ El oficio con mayor responsabilidad  si se quiere  ejercer con cariño y autoridad, pensando siempre en formar  a los hijos, para que sean miembros útiles a la sociedad, defensores de la familia honrados y trabajadores, valores que nunca debemos dejar de inculcar, en tiempos de crisis y en tiempos de bonanza; en un hogar de estas características, siempre encontraran los hijos refugio consejo y apoyo en la tribulación , pues no hay mayor satisfacción que la del deber cumplido ,viendo como sus hijos se abren camino en la vida, ejerciendo y practicando todo lo aprendido en el hogar paterno.  ESTOS SI SON VERDADEROS BROTES VERDES CON GRAN PODER DE GERMINACION. Recuerdo cuando por motivos que nunca llegué a saber, mi madre me cambió de cama, lo que fue para mi de una gran tristeza, pues mi lecho era para mi algo tan personal, tan de mi propiedad que no pude digerir hasta pasado largo tiempo, aquella sentida perdida, y no es que fuera peor el que se me adjudicó, simplemente no era el mío. Voy a dar un salto de seis años y me trasladaré al año 1951 año en que después de haber hecho la primera comunión, el arzobispo de Granada Don Balbino Santos, hizo una visita pastoral al pueblo para confirmar a los niños, que todavía no la habíamos recibido; como la carretera no se veía desde la puerta de la Iglesia, el Sr. Alcalde envió al guarda rural a situarse en las eras, desde donde se dominaba la ruta, por la cual debía acercarse el coche, y una vez divisado, disparar  dos veces con una escopeta del doce, como señal para que el Sr. Párroco el Alcalde el Juez de paz el municipal y los confirmandos se colocaran en estado de revista; la llegada fue espectacular,  creo que sería la primera vez que esto ocurría, nunca había visto a tan alta dignidad apostólica, bajó del coche vestido de pontifical todo de color púrpura, desde las zapatillas las medias los guantes la capa, etc. algo realmente impactante y llamativo, como también lo fue el momento de arrodillarse para recibir el cariñoso cachete de su  mano y que forma parte del ceremonial. La despedida se hizo con el mismo protocolo que a la llegada, seguida de los aprobatorios comentarios de los asistentes respecto de la solemnidad del acto. Todos estos acontecimientos formaban parte de una manera de entender la vida, en el ambiente de una sociedad rural, quizás no muy entendible desde la óptica actual, con tantos medios telefónicos televisivos informáticos y electrónicos, pero que ha sido el de una generación, que creo ha tenido mucho que ver en el cambio y desarrollo de nuestra querida ESPAÑA. Una nación necesitada de personas, que estén dispuesta a hacer todos los sacrificios  necesarios para engrandecerla, y no de los que están empeñados en vivir a costa de ella sin hacer el más mínimo esfuerzo, convirtiéndose en una carga social imposible de soportar por nuestra mermada economía.


José Cuadros Moreno



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