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miércoles, 16 de enero de 2013


                               Y SE HIZO LA LUZ
        Era la noche del 31 de Diciembre de mil novecientos sesenta, cuando por primera vez me dirigía junto con dos amigos a la  fiesta de fin de año en unos locales acondicionados para tal fin; digo que era la primera vez porque efectivamente era la  primera vez, ya que siempre la había pasado en casa con mis  padres y hermanos pues esa era la costumbre la norma por aquellos tiempos, en que las salidas nocturnas no eran bien vistas ni facilitadas, la norma era disfrutarla en familia y después de las doce campanadas, visitar a los abuelos que vivían muy próximos a nosotros.
Con veinte años la imaginación vuela a velocidad supersónica, dando por descontado que este acontecimiento tendría unos resultados acorde con los deseos que de manera vehemente deseaba que ocurrieran.
Iba ilusionado por ver como sería comerse las doce uvas fuera del hogar paterno y como celebrar la despedida del año junto con mis dos amigos, y si se cumpliría el principal objetivo que era conocer alguna chica con la que formalizar una relación, pues a esa edades se necesita de una manera perentoria, en lo físico y en lo sentimental a otra persona con la que compartir todos esos proyectos que deberían concluir en la formación de una nueva familia.
Cuando llegamos al local observé como todo el espacio estaba adornado: con farolillos de colores, mesas, perchas y sillas donde depositar los abrigos, pues la noche como corresponde a tal fecha era fresquita; la música y la multitud de chicas invitaban a pasarlo bien. Mientras observábamos y buscábamos el mejor sitio para sentarnos, percibí justo al lado derecho de donde me  encontraba, unos asientos libres y tres chicas guapas acompañadas de una pareja un poco mayor, pero también joven aunque creo que casada; inmediatamente pensé que no sería mal sitio ni mala decisión sentarse cerca de aquel ramillete de flores vistosas alegres y por lo que parecía libres de compromiso; no fue un error como inmediatamente pude comprobar, me acerque al pequeño grupo para solicitar un baile que se me concedió por una de las jóvenes allí presentes, bien proporcionada, muy femenina de delicados modales, mirada tierna coqueta y misteriosa; mientras bailábamos me contó que eran dos hermanas que habían acudido a celebrar la despedida de año también por primera vez; la que me acompañaba era Pilar y Amelia la otra de ellas que justo en ese momento pasaba a mi lado bailando con otro joven, al cruzarse me dedicó una sonrisa, me imagino que propia del momento, de la ilusión y de la fecha que invita a exteriorizar esos alegres sentimientos de una manera espontánea; el siguiente baile se lo solicité a la hermana y mientras bailábamos, me cautivó su mirada y su elegancia, aunque han pasado cincuenta años recuerdo como iba vestida, una falda color hueso, una blusa malva con una especie de corbata del mismo color y una guirnalda de flores de papel a manera de collar; la chaqueta del mismo tejido que la falda había quedado en la silla como pude comprobar en el descanso.
La charla fue amena, nos tomamos las doce uvas sin atragantarnos, nos reímos y quedamos citados para el día siguiente, (que no era tal pues ya había pasado la media noche) en misa de una en la catedral.
No recuerdo a que hora nos acostamos, pero sí que cuando desperté no había tiempo de llegar a la cita, no obstante corrí lo suficiente para ver como salían en ese momento, pues la celebración acababa de finalizar; observé con los ojos bien abiertos a cada una de las personas, deseando con verdadera vehemencia que hubiese acudido a misa, cual fue mi alegría cuando apareció por la puerta que da ala calle Cister, tan lozana y elegante como la había dejado hacía pocas horas; me disculpé de una manera sentida y un poco nervioso, pues no recuerdo haber llegado tarde nunca en mi vida familiar o profesional, a ninguna de las citas o reuniones que hubiera quedado; dimos un paseo por el centro de la ciudad y como se acercaba la hora del almuerzo, la invité a una cerveza en uno de los bares próximos a la plaza de la constitución; la acompañe hasta su casa y nos despedimos sin haber concretado nada, algo que fui lamentando de regreso a casa.
Durante toda la semana siguiente no podía olvidar aquella mirada, así es que estaba deseando que llegara nuevamente el domingo para dirigirme a misa de una en la catedral, esperando que ella se encontrara allí y poder volver a verla.
Con la ilusión de poder repetir y alargar lo más posible un nuevo paseo, me dirigí nuevamente a misa con el tiempo más que suficiente, por si la veía entrar o sí ya estaba dentro y Eureka allí estaba acompañada de su amiga María Victoria. Me latía fuertemente el corazón cuando me dirigía a su lado; nos saludamos con una sonrisa y una vez comenzada la misa, en el momento de arrodillarse le acerque una boina que alguien había olvidado para que sus rodillas no tocaran el frío suelo, ella aceptó el gesto y me ofreció una nueva y amable sonrisa que me lleno de satisfacción; salimos juntos y yo esperanzado por haberla podido encontrar de nuevo, el día era soleado uno de esos días malagueños llenos de luz que invitan a todo menos a la tristeza, paseamos por el parque contentos ilusionados y por mi parte rendido a sus encantos, esta vez si nos citamos para un próximo encuentro que no tardaría en llegar.
Regresé a casa cantando y corriendo, no podía digerir así como así lo que me estaba ocurriendo pero lo intuía como real, sin artificios ni encantamientos; me pareció que hasta entonces había andado buscando algo que en aquel momento acababa de encontrar.
¿ amor a primera vista? ¿ reacción química provocada por nadie sabe como a través de los sentidos? No lo sé pero algo me estaba pasando inexplicablemente, sería esa necesidad que todo hombre tiene de encontrar su media naranja o el polo opuesto que le pudiera complementar; la verdad es que cuando vamos por la calle vemos parejas en las que encontramos muchas similitudes que podrían explicar esa unión que nadie sabe como ocurre o que mecanismo hace de cupido.
Los poetas cuando hablan de enamorados y enamoramientos, siempre lo hacen con énfasis lírico y verbo arrebatador; yo solo puedo decir que me ocurrió como al ciego que abre los ojos por primera vez a la luz, o el incrédulo que encuentra su camino hacía Damasco. Tuve una gran sensación de paz y sosiego que lleno mi espíritu, al descubrir en aquella mujer la que habría de ser para siempre la mía.
En uno de los siguientes paseos, no pude esperar  mas para cogerle de la mano, a lo que ella quizá con sorpresa pero sin rechazo me dedicó una mirada de asentimiento, que yo interpreté como una escritura hecha y registrada en el bufete mayor del reino, legal signada y rubricada en presencia de los mas importantes y próximos testigos, las palmeras del parque, el murmullo del agua de la fuente y el arrullo de las palomas.
Todo se hizo mas bonito de pronto, las rosas y los claveles se convirtieron en nuestros principales objetivos, pues cada tarde que paseábamos por los jardines, volvíamos a casa con un ramo que su madre le ponía a un niño de Dios que según me contaba, era tan bonito como los que se veían en los museos, en las iglesias o en las catedrales; cada tarde me despedía con pesar y con dolor por tener que separarnos aunque solo fuera por poco tiempo.
Las horas pasaban tan lentamente que parecía no llegar nunca el momento de la tarde para recogerla, cuando salía del trabajo no andaba ni corría, sino que volaba camino de la calle victoria para encontrarme con ella, cogerle la mano y pasear por el parque o el paseo marítimo; teniendo siempre en cuenta que debíamos de estar de vuelta a las diez de la noche como hora limite, pues según me contaba su padre era muy estricto en cuanto a la hora de llegada a casa. Los domingos cuando iba a recogerla, al pasar por la plaza de la merced cogía una flor llamada espírea, que estaba compuesta de multitud de pequeñísimos capullos blancos que me colocaba en el ojal de la solapa; este gesto lo asociaba y me hacía recordar  aquella escena romántica que cuentan de un torero y su amada: y es como sigue, iba haciendo el paseíllo con un gran ramo de rosas en la mano; al compás del pasodoble cruzaba la plaza al frente de la cuadrilla y después de saludar ceremoniosamente a la presidencia me fui derecho hacia un palco donde estaba mi enamorada, le ofrecí el ramo a aquella mujer bellísima, ella tomó las rosas que le ofrecía con gallarda apostura y cogiendo una de ellas, la mas roja la besó y me la ofreció con no menos gentileza; Yo me la coloqué en el ojal de la chaquetilla  llevándola como la mas preciada de las condecoraciones, me fui lleno de súbito coraje hacia la fiera que me esperaba rugiendo desesperadamente, echando espumarajos por la boca y fuego por los ojos, el terrible toro se precipitó sobre mi; yo adelanté el pecho y el húmedo hocico de la bestia paso rozando junto a la rosa que ella le había devuelto. Este sencillo gesto me irrito sobremanera, no se porque pero me irritó muchísimo y una vez irritado me empeñe en hacer rabiar a la fiera, pasándole la rosa una y otra vez por el hocico y mientras el publico observaba con escalofriante emoción, ocurrió al fin una cosa sorprendente, algo entre prestidigitación e ilusionismo: el toro limpiamente con el mas hábil juego de pitones que pueda imaginarse, enganchó la rosa roja y me la sacó del ojal de la chaquetilla llevándola prendida en el acta. Al ver esto la enamorada y parte del público se desmayaron de emoción. Así conquisté yo a mi mujer según contó el periodista que hizo la reseña de la corrida al día siguiente, aunque yo creo que la cosa fue un poco más sencilla.
Recuerdo como en una ocasión fui a recogerla a la estación de suburbanos cuando volvía de la finca familiar del Rincón de la victoria, donde habitualmente pasaban las vacaciones y donde ella misma había nacido durante una de ellas. Me oculté para no ser visto y fui andando solo unos metros detrás de ella hasta el parque sin que se percibiera de mi presencia, disfrutando en silencio y ensimismado de su gallardía al andar, ataviada con un vestido de ropa vaquera que me trasportaba no se a que lugar; no pude resistir mas, la alcancé para darle la sorpresa y contarle que no había llegado tarde, sino que venia contemplando y admirando el paisaje desde distinto lugar, pero igual de bonito atrayente y atractivo.
Los románticos atardeceres con la luna llena eran nuestro habitual ejercicio contemplativo, desde cualquier sitio que se divisara, mirara hacía lo alto o la mirara a ella siempre estaba en el cielo. No hay mejor definición de esta emoción, que aquel verso del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer que así decía.
En el majestuoso conjunto de la creación, no hay nada que conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu, que dé vuelo a mi fantasía, como la luz apacible y desmayada de la luna………….
Es bueno positivo y aconsejable mantener vivos y presentes los recuerdos, sobre todo los agradables bonitos y emocionantes, ejercitan la mente, rejuvenece a la persona y la hace mas amable de carácter.
Esta etapa inmejorable de nuestra juventud, recordada y mantenida como actual y vigente, es el combustible imprescindible para poder afrontar todas las vicisitudes que la vida real nos presenta, las limitaciones de nuestros megalómanos sueños, nos estimula en las dificultades y nos da paz y conformidad en las difíciles situaciones por las que pasa una familia a lo largo de cincuenta años, y a pesar de los pesares a merecido la pena con mayúscula, pues ha tenido como fruto seis hijos inmejorables y diez nietos de ensueño, que hacen las delicias de los abuelos y les permiten seguir repartiendo con ilusión el cariño que brota espontáneo de un corazón alegre confiado y agradecido.
Estos sentidos renglones son el regalo para mi mujer Amelia con el cariño de siempre en el día de su santo, treinta y uno de mayo de dos mil once.
          
                                                                          José Cuadros Moreno









domingo, 13 de enero de 2013


                                APRENDIZ DE CAZADOR     

 Decía el ilustre granadino Ángel Ganivét: Hoy todo el mundo se inclina respetuosamente ante la luz eléctrica, y no se registra ninguna oposición ninguna opinión en contra de las lámparas incandescentes, ¿Qué ha pasado aquí? lo que pasa es que hemos perdido la vergüenza, quiero decir la timidez. A la primera oleada de luz reparamos en que nuestro estado exterior no era muy brillante y nos afligimos  que nuestras miserias quedaran tan a la vista; pero pasado el primer bochorno las oleadas sucesivas no nos hacen mella.
 El sol también alumbraba, quizá demasiado; pero el sol no depende de nosotros. Lo que el descubre lo hace sin nuestro asentimiento. Mientras que la luz que nosotros creamos y pagamos, nos hace responsables y nos obliga a ver antes que es lo que vamos a alumbrar. Por lo tanto el criterio que me parece debía regir en esta materia, es el de asearse y embellecerse en primer termino y elegir después aquel sistema de alumbrado que dé más luz por menos dinero. Y para no romper del todo con el aceite, creo que se debía continuar utilizando el velón y el candil en el interior de las casas, porque han sido en España dos firmes defensores de la vida familiar, que hoy se va relajando por varias causas, entre las cuales, no es la menor el abuso de la luz eléctrica. El antiguo hogar no solo estaba formado por la familia, sino también por el brasero y el velón, que con su calor escaso y su débil luz, obligaban a las personas a aproximarse y a formar un núcleo común. Poned un foco eléctrico y una estufa que iluminen y calienten toda una habitación por igual y habréis dado el primer paso para la disolución de la familia.
A mitad de camino entre el velón y las modernas iluminaciones pero todavía con el brasero y la mesa de camilla, sentado junto a mi abuelo y mi tío Paco, bien avanzado el otoño, recibía las primeras lecciones en el arte o el deporte de la caza, que consistía en aprender a llenar los cartuchos especiales de zorzales, para una escopeta del doce que tenía una incrustación redonda de limoncillo en la culata, y que tenía por nombre lucera;   había que tener en cuenta la medida de la pólvora, la cantidad y calibre de los plomos, materia importante que había de conocer, para a continuación introducirle los tacos y cerrarlos rebordeando hacia el interior con una pequeña maquina diseñada a tal efecto.
La primera salida de acompañante, bien abrigado ya que la hora de caza era al atardecer,  casi terminado el otoño, en un pequeño bosque de álamos y chopos junto al río genil.  Define el diccionario al zorzal como un ave  congénere del tordo, que tiene la cabeza pequeña, el pico delgado, las alas agudas, la cola ancha y redonda, y el plumaje pardo por encima, rojizo con manchas grises en el pecho y blanco en el vientre. Había que ser rápido en encarar y disparar pues este pájaro es de una visión y un oído sobresaliente, que al menor síntoma de peligro no llega a posarse en la rama cuando ya había levantado nuevamente el vuelo; el corazón me latía fuertemente al sentir esa especie de silbido que anunciaba su inminente llegada, en el momento de posarse sonó un disparo certero que le hizo caer justo a nuestro lado, me levanté de inmediato para recogerlo lleno de emoción, el momento era inenarrable, el olor de la pólvora unido al de la sangre del pájaro, acompañado por el murmullo del agua del río y el aroma de las hojas secas, las mimbres y los tarajes, me hacían sentir a mis once años como principal y único actor de la más importante hazaña jamás vivida, nuevas llegadas nuevos disparos, la emoción fue en aumento, hasta que la noche se echó encima y hubo que dar por terminada tan emocionante salida, concretada en una docena de aves, que nada más llegar a casa los desplumamos y mi abuela los preparó en unas parrillas sobre las ascuas; que manjar, mientras los degustábamos había miradas de complicidad, pues este momento era producto o así lo sentía, de nuestro común esfuerzo aunque mi trabajo solo había consistido en su traslado.
 En mis sueños de aquella noche me enfrenté a lobos zorros y jabalíes, en todos los lances salí victorioso, orgulloso de haber podido abatir semejantes fieras, cuando me desperté aun tenía  dudas sobre si esta gesta era real o solo ilusión, todavía no estoy seguro, pues ya había leído como Don Quijote realizó hazañas inigualables y no eran fruto de encantamientos. La primer clase practica sobre el terreno se daba por finalizada y me debía de ir preparando para la segunda, que era la de cazar a la perdiz con reclamo. Ya entrado el invierno, mas abrigado que la vez anterior ya que la temperatura era bastante baja, nos dispusimos a salir, yo como siempre de acompañante de mi tío, con esa jaula especial para este tipo de ave, en forma de obús de artillería, cubierta con una funda color verde, para evitarle las molestias que el traslado le podía ocasionar  a nuestro pájaro en caso de ir descubierta. Una vez llegados al puesto, que consistía en un semicírculo hecho de piedras a media altura, rematado por ramas de camuflaje que dejaban suficiente hueco para la escopeta y la visión, la jaula, retirada a una distancia prudencial de nuestra cabaña y en terreno despejado libre de piedras y matojos; la espera no fue larga, nuestro reclamo comenzó a cantar y la respuesta no se hizo esperar, apareció un contrincante con ganas de pelea, y después de dejar el tiempo reglamentario que las normas del buen cazador obligan a respetar, sonó un disparo y el rival cayó abatido, salí como impulsado por un resorte a recoger aquel trofeo, que ya no era un relativamente pequeño zorzal, no, era algo importante algo de una escala superior; volvía tembloroso con aquel tesoro en mis manos, lleno de colorido y  aun caliente; nuevamente sentado en el mismo sitio, sobre una piedra bastante mas fría que cuando la abandone pues la tarde iba avanzando y la temperatura en descenso, los dedos casi no los sentía, los pies doblados y las manos en los bolsillos tratando de calentarlos lo mas posible, en ese momento un nuevo canto y un nuevo contrincante, más farruco y más engallado que el anterior y mi tío sin respetar el tiempo de espera requerido, le pegó un escopetazo que le hizo rodar por el suelo, nuevo salto y a la talega; así dimos por terminada mi segunda lección; ya era un poco tarde y el recorrido hasta el pueblo era bastante largo y sinuoso, aunque llevábamos linternas la precaución no estaba de más. La entrada  triunfal con los trofeos a la vista, fueron del total agrado de mi abuelo. Una vez sentados alrededor de la chimenea, comentamos todos los pormenores, la brillantez del comportamiento de nuestra perdiz, le hizo quedar clasificado como uno de los mejores pájaros de la zona, elevando bastante alto su precio entre los aficionados.
La tercera clase que recuerdo, era la del conejo al rececho, habían llegado noticias de que en una zona del río muy poblada de vegetación, se encontraban abundantes madrigueras, desde donde al atardecer salían los conejos a beber; entre las matas y el agua había una especie de playa que permitiría dispararles al salir de su refugio. Nuevamente en camino esta vez muy cerca, ya que el río en su recorrido casi baña el pueblo a su paso, nos dirigimos  a donde tendríamos que situarnos para gozar de una amplia visión  de la zona de disparo, cruzamos el río por un vado; despojados de los zapatos y subidos los pantalones, para situarnos justo enfrente al otro lado del cauce, sentados a la vista sobre una gran piedra, sin nada que nos tapara pues según los entendidos si no te mueves los gazapos no distinguen a las personas, olvidaba comentar que era el mes de agosto y la abundancia de mosquitos en las riberas me estaban martirizando, ya que al no poder mover ni pies con pantalón corto, ni manos, las picaduras especialmente en la nariz, no me permitían evitar los mohines que eran constantes y las llamadas de atención de mi tío para que no me moviera repetitivas, no sé si la información recibida era errónea, o solo era una de esas tardes aciagas que algunos cazadores comentan, la verdad es que no vimos ni siquiera un conejo, pero si llegué a casa con la cara llena de picaduras que mi madre trato de remediar con crema, esa noche no recuerdo haber soñado nada, el picor y  el escozor apenas me dejaron conciliar el sueño.
Mi padre viendo la afición que parecía tener, me compró muna escopeta de aire comprimido, pues debido a mí corta edad era a lo único que podía aspirar de momento; así es que me dedique a esa caza menor, que consistía en gorriones especialmente y alguna tórtola rara vez.
Ya de adulto me compré un rifle con objeto de acudir a alguna montería, cosa que nunca ocurrió por diferentes motivos, pero si tuve ocasión de acudir a una cacería de ánsares en la finca de un amigo en las marismas del Guadalquivir; junto con un familiar nos levantamos a las cinco de la mañana, era el mes de febrero, llegamos a la finca completamente de noche pues Isla Menor no esta lejos de Sevilla; la espesa y densa niebla invadía toda la zona, el capataz que nos esperaba en la cancela de entrada, nos  aconsejo entráramos en la casa que se encontraba justo al lado, pues los toros bravos cuyos mugidos se escuchaban muy cerca, hacían temer por nuestra integridad; no tardó mucho en llegar la persona que nos acompañaría, para indicarnos el lugar donde debíamos situarnos, no sin antes haber pasado por una de las naves para recoger cuatro ánsares que servirían de reclamo; ya sin mas demora nos dirigimos al lugar donde acecharíamos el paso de las numerosas bandas que por los alrededores se encontraban. El campo estaba totalmente inundado como es preceptivo en el monocultivo del arroz, solo una franja de dos escasos metros entre parcela y parcela quedaba libre del liquido elemento, el portador de las aves metidas en un saco, se introdujo en el agua a cierta distancia de la vereda, y fue fijando a cada una mediante una estacas clavadas profundamente en el barro, ya que hay que tener en cuenta que el ánsar suele pesar de seis a ocho kilos incluso más, y su fuerza es considerable. Mi puesto iluminado con una linterna pues todavía no había amanecido, era un cubículo de un metro y medio de profundidad, con una especie de escalón donde nos podríamos sentar, una vez desalojado el agua que hasta el borde contenía, provisto de una lata de unos cinco litros, comencé a lanzar fuera con ahínco lata tras lata hasta que conseguí dejar libre de H2O el agujero, coloque un saco en el asiento y provisto de pantalones, botas de agua y  chaqueta impermeable me introduje no sin cierta cosilla, de modo y manera que solo sobresalía la cabeza y el rifle. Comenzaba a amanecer cuando empezamos a oír los tiros de otros cazadores incluso veíamos como caían algunos de los ánades de las bandas que surcaban el cielo; mientras tanto observaba como el agua que había sacado se estaba empezando nuevamente a filtrar, mojándome las pantorrillas debido a la proximidad de las lagunas que nos rodeaban. El capataz nos tenía advertido que no disparáramos hasta no ver posarse en el suelo, mejor dicho en el agua a la mayor parte de la banda, que deberían acudir a la llamada de los reclamos que a tal efecto estaban colocados; no sé si fue nuestra inexperiencia o nuestra urgencia por abatir algunos de los que por encima pasaban, que dudando si no llegarían a posarse y pasarían de largo, comenzamos a disparar a bulto sin lograr abatir ninguno de los numerosos pájaros, que siguieron su vuelo sin inmutarse, así hasta las dos de la tarde sin haber cobrado la más mínima pieza; impelido por la desilusión, apunté a los que teníamos fijos y que no habían logrado atraer a sus congéneres, pagando los pobres el pato, nunca mejor dicho de nuestro fracaso. Salí estornudando y tosiendo del agujero, introduje los ánsares en el mismo saco que habían llegado, dos para cada uno, y que cada cual, difícil tarea, contara en su casa y a sus amigos el éxito de la caza como mejor pudiera,  yo estuve una semana malo con fiebre. Así es que pasado el tiempo y vistas las nuevas obligaciones administrativas que poseer dicha arma requerían, decidí y  puse en practica, vender el rifle  a un armero que me dio la mitad de lo que me había costado, finalizando así el ejercicio de este deporte que tantos aficionados tiene en España, que me consta se divierten, pero que yo pude descubrir en mis propias carnes no era lo mío.
 En este relato no pretendo desanimar a nadie que este interesado en practicarlo y mucho menos a los que ya lo hacen, pues sé de buena tinta que se divierten, hacen ejercicio al aire libre y mantienen las reservas cinegéticas españolas, creando riqueza en zonas necesitadas de ingresos que elevan el nivel de vida de sus pobladores. Con esto  doy por terminado este relato deseando a todos los aficionados, mucho éxito en sus salidas.
                                                     José Cuadros Moreno

                     

                              


ESPECIAL  NAVIDAD

Hoy día quince de diciembre de 2011 he sido testigo privilegiado, de una de las más impresionantes formas de abrir la puerta a la Navidad, una puerta sin cerraduras, una puerta con clavos de oro, una puerta de caoba, una puerta que solo abre y nunca cierra, una puerta de pena y tristeza, una puerta de ilusión y esperanza, una puerta, una puerta por Dios una puerta.
Una puerta ubicada en el aula de la Unidad de Oncología Pediátrica del hospital Infantil Virgen del Rocío de Sevilla. Es una mañana de niebla algo fría, apenas se veía con claridad a través de las ventanas el paisaje del entorno, en las habitaciones había un especial ajetreo, a los niños y niñas se les iba preparando para asistir, a una pequeña fiesta anunciada de antemano; por los pasillos se comienzan a ver sombreros mexicanos de ancha ala y múltiples bordados, pantalones con adornos  de plata, chaquetillas cortas igualmente adornadas, todos de color negro, blusas de un blanco inmaculado y botas de alto tacón; también, vestidos, uno rojo de amplio vuelo, que al abrirlo, hacían recordar, el ave mítica de los Aztecas, el quetzal, con cuyas plumas hacían aquellos tapices que cuentan los historiadores, obsequiaba el rey Moctezúma a Hernán Cortes a modo de bienvenida, otro blanco marfil de clásico corte ranchero, lucido por una señora de rasgos mezcla de azteca y español, elegante en los gestos y educados modales, que parecía ejercer como portavoz del conjunto de los mariachis, pues de eso se trataba, formado por seis hombres y dos mujeres.
La primera actuación, fue anunciada con esa melodiosa cadencia al hablar propia de ese país, como una pieza típica del folclore mexicano llamado jarabe tapatío, que lo ejecutaba una pareja de jóvenes esbeltos y elegantes, moviéndose a ritmo ágil y airoso al compás de la música característica de esa querida y añorada tierra. Después todo el conjunto cantó esa canción famosa a modo de saludo “estas son las mañanitas”. El aula estaba abarrotada, los niños y niñas situados en semicírculo, de entre unos pocos meses y diez años, con sus caritas blancas y pálidas por efecto de la quimioterapia, unos con expresión de asombro otros inexpresivos, ya que carecían de la fuerza necesaria para expresarlos, con la mirada fija, como ausentes, alguno con síndrome de down.
 En el momento cumbre de la actuación, abriéndose paso entre los múltiples asistentes, como el paralítico que narra el evangelio para ver a Jesús, apareció una cama llevada por enfermeras, en la que iba una niña color caoba de diez años ojos grandes, labios abultados y rosados, se llamaba Maria José como pude comprobar al final, de Guinea Ecuatorial, su mirada entre sorprendida y desubicada, completaban aquel cuadro, increíble por su calidad humana, formando una piña, buscando de una manera natural e inconciente la forma de defenderse de la situación que padecían. Se palpaban todos los sentimientos de las madres sujetando con ahínco las perchas sobre ruedas de las que pendían los sueros  los medicamentos y  las bombas a las cuales estaban conectados, todas agarradas a la vida con esperanza , tratando de contagiar a sus hijos, de darles apoyo y fuerzas para resistir ¿ cuantos alcanzaran la meta?.
La música seguía al compás de un corrido mexicano, cuando uno de los oncólogos E. Q. y la maestra acompañaron este baile de una manera rítmica y vistosa, al terminar, la ovación fue unánime no solo por la ejecución, sino mas bien por la predisposición a colaborar, ¡que momentos! que muda plegaria!, con que fuerza nos aferramos a la vida mientras esa escasa fuerza no nos abandone. Después, mas canciones de villancicos conocidos, acompañados y coreados por todos los asistente al son de las guitarras. Al final, dos de los mariachis, portando una enorme cucaña en forma de estrella de mar y forrada de papeles de colores, sujetadas por unas cuerdas y a la altura de los peques, iba pasando de uno en uno para que con un palo trataran de romperla, los que no podían eran ayudados por sus madres, fue emocionante ver con que animo con que fuerza lo hacia la niña de guinea, hasta que en uno de los muchos golpes recibidos, el maná que contenía cayó desparramado por el suelo, todos y todas acudieron a recoger las golosinas para después ponerlas  sobre las piernas de cada uno de los hijos, que esperaban con ilusión, estos regalos aunque en muchos de los casos no pudieran degustarlos.
En este bunker de la vida, se aprecia se palpa la grandeza del cariño del apoyo, a estas personas en ciernes, que necesitan tanto los cuidados del cuerpo como los del alma, cada uno de ellos único exclusivo e irrepetible. ! Por Dios no los abandones!

                             JOSE  CUADROS MORENO

                                   FELICIDADES


sábado, 12 de enero de 2013


                 PASTO DE LOS OJOS Y ELEVACIóN DE LAS ALMAS


Creo que no hay mejor definición de Granada que la que hizo en el siglo XIII Al Saqundi, que añadía, es encanto de la vista y del corazón, sutileza del espíritu, porque todo en ella es nuevo y peregrino.
Granada lejos del mar,¡que cielo azul, mi Granada si quisieras navegar.¡ cuantos sueños
has  despertado, cuantos sueños sigues despertando a todo el que te visita, cuantas vidas se han perdido por tenerla, ¿que atesora esta ciudad que a tantos cautiva?; yo creo que no atesora nada, porque atesorar, significa esconder, ocultar a los ojos de los demás, todo lo que consideramos valioso, imprescindible.
¡Pero ay¡, mi Granada no esconde nada, todo lo tiene a la vista, al alcance de todos, se regala sin pedir nada a cambio, solo respeto por su gente y por su historia, aquí afloran los sentimientos mas profundos, se ejercita la sensibilidad, se potencia la capacidad de soñar, el oído nos trasmite el rumor de las aguas, al pie de los palacios nazaríes. Siento como  las estrofas de una canción reflejan su carácter, y que dice: Granada no tengas miedo, de que el mundo sea tan grande, de que el mar sea tan inmenso, tú eres la novia del aire, la de la zambra de plata, la del almendro. La que por fuera es de nieve y por dentro fuego.
Pero cuando de verdad se valora en su justa medida, es al alejarse de ella, dejar de ver sus atardeceres, dejar de sentir el palpito de la ciudad, dejar de escuchar la armoniosa y musical cadencia en la forma de hablar de sus habitantes, perder esas capacidades humanas, que su contemplación despierta. Esas partes sensibles de cada uno, se sienten huérfanas, abandonadas, porque notan que han perdido, todo lo que en la vida merece la pena, esos valores intangibles, que no cotizan en bolsa, pero que te enriquecen más, que te llenan esos recónditos lugares del espíritu, que te tranquilizan, que te entristecen de una manera sosegada, al recordar, que las miserias que observamos en el mundo, ensucian el mensaje de belleza paz y arte que desde aquí se desprende, que emana de una manera natural no forzada.
Nada surge por generación espontánea, todo es fruto de un proceso largo y tortuoso, que en el caso de granada, ha sido tan brillante y doloroso como un parto.
 Las primeras noticias que de esta ciudad se tienen, comienzan con las historias de árabes ilustres, como Mohammad ben aljathib, natural de la misma granada, aun cuando oriundo de la ciudad de Loja, aquí hizo sus estudios con los profesores mas distinguidos, según cuenta su biografo y amigo el historiador Aben Jaldun. El sultán de Granada Abul Hagiag, le nombró su vizír en el año de la hégira 749 después de J.C.
En uno de sus libros comienza así: Dicen granata o agarnatha, que son dos vocablos Agemies, es decir latinizados, y  prosigue describiéndola como perteneciente a la Cora de Elvira, y entre las dos ciudades, hay la distancia de dos parasangas y un tercio,( siete millas aproximadamente).En aquellos tiempos la ciudad de Elvira, era una de las mayores coras o provincias del Al Andalus, y se haya en el centro del país conquistado, entendiendo como tal al reino Nazarí, que comprendía Málaga y Almería, con parte de las provincias de Jaén y Murcia.
 Los árabes daban el nombre de Al Andalus á toda España, y esta denominación se fue reduciendo naturalmente a la parte por ellos ocupada, hasta quedar en las actuales provincias de Andalucía. Continúa describiendo la ciudad de Elvira, como celebre y muy poblada, con numerosos habitantes ilustres, y había en ella alfaquíes y ulemas, en los rezos solían juntarse a la puerta de la mezquita, hasta cincuenta háquimas, de plata maciza debido a la gente principal que en ella vivía. Construyó dicha mezquita Mohammad ben abderrahman, según los planos que de ella hizo Hanx ben Abdal-lah Has-sannaani el Xafeita, compañero de Mahoma, que vino a la conquista de España con Muza, y fue quien diseño varias mezquitas en nuestro país, y sobre el Mihrab se lee: En el nombre de Dios excelso, fue construida esta mezquita para el servicio de al-lah. La mandó construir el emir Mohammad ben Abderamman, a quien Dios ennoblezca, esperando su gran premio y queriendo favorecer a su pueblo. Acabose con la ayuda de Dios por mandato de abdal-lah, en el mes de Dzulcada del año 205 de la hégira; y a causa de las guerras civiles, los caballos de la destrucción se fueron señoreando de sus calles y plazas, hasta que se apoderaron de ella la ruina y la desolación.
 En el año 400 de la hégira la mayoría de sus habitantes se refugiaron en la medina de Garnatha, la cual a partir de entonces se convirtió en capital del distrito, y centro de la vega; y esto a causa de su posición estratégica, la bondad de sus aires, la abundancia de sus aguas y frutos y la amplitud de sus términos; y en ella cobraron animo los temerosos.
Granada existía a la vez que Elvira, y fue adquiriendo la importancia que esta perdía desde el principio de la conquista, por este motivo muchos escritores árabes, mencionan a granada juntamente con Elvira aplicando a la primera sucesos y circunstancias de la segunda.
El propio Aben Aljathib, citando a Aben Alcuthia, que vivió en siglo IX. Relata así la entrada de Tárik ben Ziyad y su marcha después de la derrota de D. Rodrigo. Dividió entonces Tarik sus escuadrones desde Ecija; envió á Moguítz el rumí, liberto del Califa Salid, a Córdoba; envió otro ejercito a Málaga, y envió un tercer ejercito a la ciudad de Elvira y Granada, y el con la fuerzas principales, marchó a la cora de Jaén, dirigiéndose posteriormente a Toledo. Y el ejército que mandó a Málaga la tomó, y sus infieles habitantes se refugiaron en los montes inaccesibles que allí hay. Luego se incorporó este ejercito con el enviado a Elvira, la cercaron y conquistaron por la fuerza de las armas; y encontraron allí muchos judíos, a los que juntaron en la Alcazaba, dejándolos para su guarda, con una taifa o tropa musulmana. Al hablar de Muza ben Nosair que vino después de Tarík, dice que fue el hijo de aquel, Abdel-Laziz, quien ocupó a Elvira y Granada, lugar que habitaban solo los judíos.
Pocos años después de estos sucesos, por los años 743 a 745 después de Jesucristo, que gobernaba en España el Valí Abdul-jathar ben dhirar, vinieron a nuestro país los árabes de Siria, cuando ya estaba repartido el territorio entre los conquistadores que les habían precedido; y cuenta la manera como se establecieron: Ardabasto  conde de España, jefe de los cristianos y encargado de recaudar el jarách o impuesto territorial, que habían de pagar a los Emires, fue el que sugirió este recurso, pues era el conde muy nombrado, en los primeros tiempos de la dominación musulmana; aconsejó al gobernador alejar a los sirios de Córdoba, donde el residía, y donde no quedaba lugar para ellos, para que viviesen como antes lo habían hecho en Siria, y después de asegurarse su consentimiento los estableció en la cora de Elvira, señalándole a todos para su subsistencia, la tercera parte del producto que daban las tierras de los cristianos o agemíes. Luego que los sirios vieron que los parajes, que les habían designado, se asemejaban a aquellos que antes ocupaban en su patria, se alegraron, y bien pronto llegaron a ser prepotentes y ricos.
 La cora de Elvira la definen como abundante en ríos, en frutos y en árboles; se siembra en ella la caña de azúcar; tiene minas de oro y plata, plomo y hierro. Granada era llamada la Damasco del al ándalus. Pero la aventajaba por no estar asentada en la llanura, sino levantada airosamente sobre su vega.
Por los años de la hégira de 276 equivalente al 887 después de Jesucristo, ardía en todo su furor la guerra civil entre los árabes y los muladíes, capitaneados los primeros por Sawar, y los segundos por Omar ben Hafsun; la ciudad de Elvira donde florecía el cristianismo desde el famoso concilio, era el foco de la guerra contra la raza árabe, y Granada la villa de los judíos y damasquinos, que habían sido desalojados de sus posesiones en Elvira, y que deseosos de recuperarlas se fortalecieron en el cerro que hoy llamamos de la Alhambra, levantando una nueva fortaleza y ensanchando los muros y recintos de las antiguas, trabajando en ella de noche para luchar de día; por lo que se valían de antorchas, cuya luz roja, junto con el color ferruginoso de sus torres y murallas, dio motivo a la denominación de Alhambra o la roja. Badis hijo de Habus ben Makasen, fue el primero que erigió a Granada como capital de sus estados, el que construyó los cimientos de su Alcazaba y la rodeó de fuertes murallas, aun hoy día se revelan las muestras de su grandeza y poderío, en las construcciones y edificios que fueron levantados por sus mandatos; entre ellos el puente fabricado por el kadí de la ciudad, en el año 447 de la hégira, 1058 d J. C. y en el año 449, ocupó la ciudad de Málaga, que incorporó a sus dominios, acabando según dicen la magnifica y fuerte obra de su famosa Alcazaba, de modo que puede considerársele como el verdadero soberano, que con absoluta independencia, llegó a establecer en Granada la corte de todo el territorio.
Nombró como visir a un judío llamado Yuseph hijo de Ismael ben Nagdela, y este en una de las audiencias concedidas y en  presencia del Sultán, ofendió y calumnió al por entonces famoso poeta y religioso Abu Ishac; este en represalia escribió un poema contra los judíos, que fue motivo de su destierro a Elvira y su posterior muerte; estos hechos provocaron una insurrección popular, que llegaron a entrar por la fuerza en el  palacio del Sultán, y matar allí al visir que había buscado refugio en su recinto. Los demás judíos de la ciudad, vinieron también a ser victimas de tal furor, y cerca de cuatro mil de ellos fueron muertos en esta ocasión, y sus bienes saqueados; todo lo cual ocurrió el 11 de Zafar del año 459 de la hégira.
El escrito que provocó la rebelión decía así: Vuestro Sultán ha cometido una grave falta, de la que se regocijan los que os aborrecen; pues pudiendo escoger su secretario entre los creyentes, ha ido a tomarlo entre los infieles. Gracias a este visir los judíos de menospreciados que antes eran, son ahora grandes señores, y su orgullo y su arrogancia no conocen ya limites. ¡Oh Badis! Tu que eres hombre de tanta sagacidad, que tus conjeturas equivalen a la certeza ¿como es que no ves el mal que hacen estos demonios? Cuando llegué a Granada, observé que allí los judíos eran los reyes. Ellos habían dividido entre sí la capital y las provincias, y en una y otras mandaban estos malditos. Su jefe tiene un palacio revestido con incrustaciones de mármol, y ha hecho construir fuentes, por las que corre el agua más pura; y mientras le esperamos a la puerta, se burla de nosotros y de nuestra religión. Abu Ishac recitó tendido sobre su lecho mortuorio, la ultima poesía que compuso, cuando un visir de granada que tomó interés por el, había ido a visitarle en la estrecha cabaña, en que murió al final del mismo año 459 de la hégira, poco tiempo después de la terrible matanza de los judíos, y fue sepultado, en el lugar de su destierro y nacimiento, que era la ciudad de Elvira.
Los propios escritores árabes, aseguran que Garnatha significa el fruto conocido por granada en la lengua que usaban los cristianos viejos; y en los escudos de armas y banderas, y hasta en las doblas de oro de los reyes granadinos, se representaba la enseña de esta ciudad con una granada abierta y mostrando los granos, al igual que hoy figura con idéntico objeto en nuestros escudos y enseñas nacionales. No mucho mas tarde, en el año 477 de la hégira murió también Badis, y le sucedió su nieto Abdal-ben Balquin ben badis.
 Había un poeta llamado Somasair, también de Elvira y aun proscrito por sus sátiras contra los berebéres en general, y en particular contra este rey; en una ocasión dijo en presencia de Almotazin  el de Almería para congraciarse con este, lo siguiente contra Abdal-lah: cuando yo le veo fortificar más su castillo de Granada, pienso que de puro insensato está labrando su prisión: como el gusano de seda va hilando lentamente su capullo.
Cierto es que el rey granadino tuvo la poca dicha de encontrarse frente a frente, con los dos guerreros mas venturosos y temibles de su siglo: el famoso Rodrigo Díaz de Vivar y Yusef ben Texufin; pues en mala hora para el, se hallaba en guerra con Abén Abad Almotamíd, el de Sevilla, cuando el Cid Campeador había ido a la corte de este otro príncipe, a cobrar el tributo que pagaba a Alfonso VI de Castilla, en señal de vasallaje. El rey granadino tenia tomados a su servicio muchos caballeros cristianos, que formaban parte de su ejercito, entre los cuales se encontraba  el conde García Ordóñez, descendiente del infante D. Ordóño, hijo del rey D. Ramiro, y todos juntos con lucida hueste musulmana, invadieron los estados del de Sevilla.
Rodrigo Díaz de Vivar, arrastrado como siempre, del espíritu caballeresco, a usanza por aquel tiempo, hizo saber al rey de Granada que no debía atacar al Sevillano, pues era amigo y aliado del suyo, D. Alfonso; pero no bastando sus ruegos ni sus amenazas, a contener el ímpetu de los granadinos, que amenazaban hasta Cabra, poniéndolo todo a sangre y fuego, les salió al encuentro, con sus propios caballeros y el ejercito de Almotamid, con el cual, tras un reñido combate, derrotó a los contrarios, e hizo prisioneros muchos de los cristianos, hasta el propio García Ordóñez, despojándoles de todo cuanto llevaban, devolviéndoles la libertad al tercer día. 
Cuando aquellos pequeños reyes musulmanes, mal avenidos entre sí, y en continuas guerras y rivalidades, llamaron en su ayuda, contra las armas y grandeza, siempre crecientes de los cristianos, al victorioso almorávide Yusef Ben Texufin, afamado por haber vencido no ha mucho tiempo a Alfonso VI en la batalla de Zalaca, volvió sus miras conquistadoras sobre los débiles señores, que había venido a proteger, y fue su primera victima el de Granada, Abdal-lah Ben Balquin. Al presentarse Yusef en ademán hostil, frente a los muros de la ciudad, salió Abdal-lah á recibirle, como amigo con gran aparato; pero fue cargado de cadenas al poner pie en la tienda de campaña, que creía  dispuesta para su alojamiento, en el año 483 de la hégira. El almorávide de seguida hizo su entrada triunfal en la ciudad, en medio de ruidosas aclamaciones de júbilo; pues ya contaba con numerosos seguidores dentro de las murallas. ¿Que tendrá esta tierra que todos la pretendían y todos morían por ella?                
Granada y sus monumentos, su  entorno, la sierra y la vega,  sus aguas su vegetación, sus primaveras, sus cielos, son fiel y excelso exponente, de lo que la naturaleza por un lado y esa faceta sublime del sentir humano, han llegado a reunir en este privilegiado lugar, para orgullo de sus pobladores y disfrute de los que la visitan.
. El rey de Castilla decía “Granada si tú quisieras,
                                           Contigo me casaría
                                            Daréte en arras y dote
                                            A Córdoba y a Sevilla
 O aquel romance de frontera que tan brillantemente expresaba, Granada es una dama cuyo marido es el monte. Y es del todo comprensible que excelsos poetas, canten en verbos arrebatados, lo que esta tierra les hace sentir, Víctor Hugo  escribe:
                                                 En Granada hay más Hechizos
                                                 Que granos rojizos tiene
                                                  La fruta que hay en los valles
                                                  No hay nada más hermoso ni más grande
O el paraíso terrenal, el edén que José Zorrilla describe:
                                                   Granada ciudad bendita, 
                                                    Reclinada sobre flores,
                                                    Quien no ha visto tus primores
                                                    Ni vio luz, ni gozó bien…

                                     José Cuadros Moreno    


                    
     


                    LA ILUSIÓN                                                                                                                 

Cuando decidí escribir un artículo referido a la ilusión, busqué y encontré diferentes definiciones de este término; el diccionario de la Real academia de la lengua, lo define
como una idea o una imagen falta de realidad, sugerida por la imaginación o por error de los sentidos, es decir una distorsión en la percepción, cada uno de los sentidos del cuerpo humano puede verse afectado por ilusiones.
En psicología se utiliza para referirse a una esperanza infundada; en otro ámbito la ilusión puede ser la esperanza o anhelo por algo concreto, por ejemplo la ilusión de los niños por el Día de Reyes, esta acepción positiva del término se da solamente y exclusivamente en el idioma castellano, y tiene su origen en la época romántica.
Otros la definen como esperanza, cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo, y que se traduce en alegría tras la consecución de un deseo.
Sin embargo después de leer y pensar en todas estas definiciones, he llegado a la conclusión personal, de que la ilusión es algo mas, es a mi humilde entender, el combustible imprescindible para caminar por la vida, una vida sin ilusión no creo que merezca la pena vivirla, es mas se convertiría en algo átono anodino, que no produciría ningún fruto positivo; todo lo que de bueno ha conseguido el hombre en su caminar por la tierra, ha tenido como cimiento, la ilusión, el tesón, la constancia y el esfuerzo .
Pienso y he tenido experiencias personales que en mi caso se confirman, que en muchos caso es mas importante la ilusión que la consecución del objetivo, pues una vez conseguido, la ilusión desaparece, y si se quiere no empobrecer no abandonar el camino hay que sustituirla por una nueva.
Cuando comencé a dar los primeros pasos por la vida, no me refiero a la etapa posparto,
si no ya de adulto, tuve la ilusión de comprarme un traje con chaleco, algo que me parecía daba cierta prestancia, cierto carácter de hombre serio y formal, y en el momento que dispuse del dinero necesario, conseguido con mi trabajo, cumplí aquel deseo, fui a un comercio de prestigio, y adquirí aquella prenda que durante algún tiempo había deseado, me la probé y salí del establecimiento con ella puesta, no podía esperar a ningún acontecimiento que requiriera su uso;  pasado no demasiado tiempo me di cuenta de que aquel objetivo conseguido, me había privado de lo que durante ese tiempo poseí, desapareció la ilusión, que pena, percibí que eso era lo más importante, lo que me empujaba lo que me hacía no perder el aliento ni las ganas de esforzarme, pero inmediatamente encontré la solución, me fijé una nueva meta que me mantendría vivo, nuevamente ilusionado, a cada ilusión completada, una nueva la reemplazaba y así he marchado por la vida, apoyándome en ella sobre todo en los momentos más dolorosos y difíciles que he tenido que afrontar.
 Una tristeza una gran tristeza debe de ser acompañada por ella, por la ilusión, para poder soportarla, para sobrellevarla, una tristeza una gran tristeza sin esperanza, sería imposible de superar, la vida debe continuar, no se puede perder el aliento, sobre todo si la familia nos necesita, hay que mantener el tipo, hay que asentar adecuadamente la carga sobre los hombros y seguir adelante, tratando de  superar todos los obstáculos que no son pocos, mirar siempre adelante, señalarse siempre una meta por lejana e inalcanzable que parezca, recordemos los megalómanos sueños de la juventud.
Con el tiempo he encontrado una formula que no tiene nada de mágico ni de extraordinario, y que mantiene siempre la ilusión de una manera ininterrumpida ya que nunca se puede conseguir su objetivo, es el afán por saber por conocer por aprender, esto proceso puede y debe durar toda la vida, te mantiene lucido, esperanzado, despierto, y como decía aquel sabio, recordar la frase, solo sé que no sé nada, esta actitud  pone al alcance de nuestra mente un inmenso campo ilimitado, en el que podemos introducirnos sin esperar otra cosa, que no es poco, que enriquecer cada hora cada día de nuestra existencia, con ese afán con esas inquietudes  más propias de la adolescencia, sobre todo en esta etapa de la vida que ahora llaman la tercera edad.
La ilusión no debe de ser vehementemente interpretada, debe de llevarse con sosiego con tranquilidad, con paz sin sobresaltos, ya que esa forma impositiva de entenderla podría producir una inquietud que anularía los beneficiosos efectos que la acompaña, que trae consigo, seguir este camino pone a nuestro alcance una inagotable fuente de energía que nos da fuerzas, que nos interpela, y que solo nos pide que estemos atentos, que no la abandonemos, ya que al hacerlo solo nosotros seremos los únicos perdedores, aumentaríamos las carencias que cada uno almacenamos como compañeras de viaje. En resumen mas formación y mejor educación.


                              A CADA DIA UN NUEVO AFÁN

                                                                                José  Cuadros  Moreno



EL REVELADO



  Ordenando el mueble del dormitorio de mi hija Amelia, que le servia de biblioteca y escritorio, entre sus muchos objetos, había un sobre de clichés de fotos, que  en innumerables ocasiones lo había tenido en mis manos, y aunque siempre lo ponía al trasluz, nunca podía ver con claridad, a las personas que los negativos contenían, los guardaba nuevamente en su sobre, y hasta la próxima vez, que no tardaría mucho en llegar; continué ordenando y repasando sus libros , los trasladé a otro lado del estante, y por primera vez pensé y decidí, llevarlos a revelar a un estudio fotográfico;
 no fue fácil conseguirlo,  pues ya era un tamaño en desuso, y había que hacer un revelado especial, que no todos los establecimientos estaban preparados para efectuarlo. Al fin lo conseguí en uno próximo a mi domicilio; me dieron una semana de plazo para poder recogerlos, y pasados esos días, me dirigí, con la ilusión de poder  desvelar el contenido de los mismos; como tenía el coche aparcado en doble fila, en una calle de mucho transito, no me entretuve en mirar las fotos hasta no llegar a casa; mientras subía en el ascensor, comencé a  abrir el sobre, y cual seria mi sorpresa, al observar que todos los personajes eran de raza negra, hombres y mujeres, debían de ser de un alto estatus social, allá en el país del cual procedieran; las ropas que vestían, las joyas que lucían, sus aproximadamente dos metros, que debían medir, los vestidos de las mujeres sus tocados, su aspecto físico mas que saludable, todo el conjunto era de un lujo, poco corriente.
 Una vez enseñadas a mi mujer, que quedo igualmente sorprendida  me dirigí nuevamente  al lugar de revelado, y le expuse a la persona que me atendió, que en mi familia, no había todavía ningún miembro de esa respetada raza, originarios de Africa, por otro lado; según han demostrado los estudios, sobre el origen de los primeros homínidos, fue allí donde se encontraron los restos de nuestros mas lejanos antepasados. Se disculpó por el error cometido, achacándolo al personal del laboratorio, dándome otra semana para investigar y ver quien había sido el causante de dicha confusión, o hacer un nuevo revelado.
 Era  doce de mayo de 2010 trigésimo octavo aniversario de mi hija, si no hubiera fallecido a la edad de veinte años menos un mes en un accidente de moto, como pasajera de un conductor irresponsable que se saltó un semáforo en rojo, ocasionándole la muerte, a la que parecía hubiera sido su compañera.
Pasados los siete días, los recogí, y en esta ocasión si eran los míos, pues en ellos estaba mi hija Amelia con algunos  de sus innumerables primos hermanos, de una edad parecida, pues al ser cuarenta y cinco, había varios grupos, formados de acuerdo con la fecha de su nacimiento, aunque todos se llevaban y se llevan, como hermanos ya que al tener los doce hermanos sus casas de veraneo en la misma finca, todos los hijos se han criado juntos, especialmente en época de veraneo y vacaciones de navidad y semana santa; Las escenas que se veían eran de una de las muchas excursiones, que efectuaban con cierta frecuencia, por los pueblos de la axarquía Malagueña, que podían durar un día entero, pues las distancias que recorrían eran considerables, y por un territorio, bastante montañoso; calculo que sería por el año 1987, Amelia tenia entonces quince años, reflejaba esa  clara expresión de alegría que nunca le abandonaba, pues era la viva estampa de la felicidad.
Todavía con casi veinte años se dormía en mis brazos cada noche, como presintiendo su larga ausencia de mi lado, cada día me hacía sentir el mas afortunado de los padres, el mas querido, aunque ella no recibiera por mi parte un trato diferente  que el resto de mis cinco hijos, cada uno, cada persona tiene una forma diferente de expresar sus sentimientos, pero ella lo hacía de tal manera, que ahora que no la tengo, la añoro, intensa dolorosamente, y  profundamente.  Este corto relato me está  sirviendo de desahogo, de vía de escape  para un dolor incontenible, que solo por mi carácter abierto y positivo, me permiten sobrellevar tan dolorosa pérdida.

Recuerdo la llegada de esa vuelta del recorrido, de una manera especial pues venía tan cansada, con la gorra de medio lado, tan agotada, que solo la juventud la salud que disfrutaba, le hacía superar cualquier prueba, pues tenía una vitalidad francamente inigualable.
Los veranos , aunque vivíamos en Sevilla, mi mujer y mis hijos los pasaban en la casa de la costa de Málaga, y cuando yo llegaba los fines de semana, pues en eso consistían mis vacaciones, no me daba tiempo a bajar del coche, cuando ya, esta hija mía, por muy distante que estuviera, al sentir el motor corría para abrirme la puerta y darme el mejor de los besos de bienvenida, yo le decía que guapa y que morena estas, y ella me respondía ofreciéndome la mejor de sus sonrisas.
La belleza y esbeltez  de su cuerpo, su estilizada silueta, su forma de nadar, la convertían en la más bella de las sirenas; en muchas ocasiones apoyaba sus pies en mis manos, para dar un salto por encima de mis hombros, y penetrar en el agua, sin apenas formar la más pequeña de las olas.
Pido disculpas a todos por este relato, que brota del corazón de un padre dolorido, que siempre encuentra razones para seguir adelante, para superar los avatares que la vida nos presenta, que nunca hay que desfallecer, que el resto de la familia nos necesita. Me daría por muy satisfecho, si estas pobres palabras sirvieran de alguna manera para cualquiera que se viera en una situación parecida, que no desfallezca, que siga adelante con ilusión con esperanza, que es la mejor medicina, para quien sufra esta situación, contra la que nunca hay que revelarse, pues esto solo produciría más dolor, mas sufrimiento, y  que a nadie beneficia.
Estos hechos luctuosos, humilde y torpemente expresados en estos renglones, por el solo hecho de narrarlos, me han  proporcionado nada mas terminarlos, paz sosiego y tranquilidad, tres empujones para continuar caminando por este valle de lagrimas que tenemos la obligación de convertirlo, en el valle de la alegría y del amor. El dialogo y la buena voluntad, siempre se traducen en entendimiento, la confrontación y la mala fe, producen el efecto contrario; pero para poner en practica estos principios, son necesarias dos cosas, buena educación  y buena formación, dos aspectos, un poco abandonados en estos tiempos de zozobra, pero imprescindibles si queremos conseguir, una sociedad que marche por la zenda de la justicia la paz el entendimiento y la solidaridad. Enseñanzas que forman parte principal del ideario del colegio, trasmitidos con acierto y firmeza por nuestro querido rector, D. José Jiménez Fajardo, del que seremos eternamente deudores. Desde aquí mando un fuerte abrazo a todos los compañeros, de los que guardo el mejor de los recuerdos y el mayor de los afectos.




José Cuadros Moreno   

























































RECUERDOS DE LA NIÑEZ


Finalizando el verano del año 1945, firmado el documento de rendición de Japón, a bordo del acorazado Missouri en agua del pacifico, con mar tranquilo y ambiente tenso y dramático, en presencia del general Douglas Macarthur vestido con uniforme de verano, es decir gorra de plato, pantalón y camisa con los puños abrochados, y el resto de los representantes de las potencias aliadas vencedoras del conflicto; Arribaron  al barco transportados en una barcaza, los representantes japoneses, encabezados por el de mayor autoridad que padecía una ostensible cojera, vestido con  chaqué y sombrero de copa, seguido de tres militares de alto rango; después de la lectura del acta de rendición y una breves palabras del general americano, los mandatarios nipones estamparon su firma en dicho documento, seguido del ingles el francés y el canadiense; esto ocurrió el día dos de septiembre. Al mismo tiempo, derrotados los nazis, en plenos preparativos del juicio de Nuremberg, en el que se juzgaría a los jefes capturados vivos, pues algunos se suicidaron y otros huyeron fuera del país. Este comenzaría el 20 de noviembre (fecha  emblemática en el calendario político español),y concluiría con once condenas a muerte; una de ellas, no se llevó a cabo debido al suicidio del condenado, con una capsula de cianuro que su esposa le pasó en un beso de despedida, me refiero al mariscal Goering jefe de la luftwaffe, mas tres a cadena perpetuas. Así se cerraron seis años trágicos de la historia, de la que no se sacaron suficientes enseñanzas, habida cuenta de los futuros acontecimientos bélicos que siguen aquejando al mundo, pues la ambición la tiranía la falta de escrúpulos, siguen campando por sus respetos. Ajenos por completo a todos estos coetáneos hechos, mis padres sentados a la puerta de la casa disfrutando del frescor de la tarde, que subía de las choperas, observaban contentos orgullosos e ilusionados ,como su hijo de cuatro años subía a prisa la calle, para situarse en la parte mas alta y desde allí lanzarse a toda la velocidad que sus cortas piernas le permitían; al pasar frente a sus progenitores, giraba la cabeza hacia la derecha a modo de saludo militar, para ver si seguía contando con el beneplácito de las dos personas mas importantes de su vida, su seguro refugio en caso de necesidad, su apoyo en todas las circunstancias; la escena se repetía una y otra vez hasta el anochecer, cuando ya cansado y satisfecho por haber ejercitado ese cuerpo, todavía pequeño pero sobrado de energías., se refugiaba en brazos de su madre, para sentir el cariño y el calor corporal que olía a rosas y a  pan caliente que ya me tenia preparado para la cena; nada mas terminar de comer era invadido por el sueño de Morfeo, en un colchón de lana de oveja suave y mullida, después de recibir un beso de buenas noches, así se cerraba la feliz jornada. Al día siguiente, (después de recordar los sueños nocturnos, en los que había volado llevando a mi padre a cuestas,  lanzándome desde la torre de la iglesia hasta el otro lado del río Genil,) comenzaba, a continuación del aseo personal que mi madre me realizaba, recogiendo con una cuchara, la nata que había en la parte superior después de hervir la leche, algo que me encantaba, seguido de un buen tazón con tejeringos. Tenia una bicicleta  o triciclo con asiento de cuero muy cómodo, que me servia para recorrer una y otra vez,  todo lo largo de la acera de mi casa durante gran parte de la mañana, disfrutando con gran regocijo, cuando sentía el viento en la cara cual si fuera montado en el mas veloz de los caballos. Como en aquellos años no se entraba al colegio hasta la edad de seis años, mi madre me enseñaba las primeras letras en una cartilla sobre su regazo, sentada en una silla, yo de pié a su lado aprendía a distinguir el abecedario, mientras comía las nueces, que entre letra y letra me partía, de un lebrillo  de fajaláuza  que justo al lado se encontraba. En otra ocasión recuerdo que comprándome unos zapatos de charol, en una zapatería Granadina, a la pregunta del dependiente, de cuantos años tenia, mi padre le respondió que cuatro, a lo que yo inmediatamente rectifique asegurando que tenia cuatro años y medio, diferencia vital para mi forma de medir el tiempo por aquellas fechas, pues  seis meses con esa edad, es algo de suma importancia que no se debe dejar de constatar, pues este periodo me acercaba mas a mi entender a esos momentos, en  que se comienza a  pensar,  en dejar de ser lo que realmente se es, un niño necesitado de todos los cuidados paternos, periodo que todavía se prolongará por unos años, y que estábamos tan deseosos de abandonar, queremos crecer rápidamente, tremenda ilusión y tremendo error, visto desde la óptica después de las decenas de años trascurridos. Las visitas a mis abuelos paternos dos casas mas abajo en la misma acera, me llenaba de alegría, pues siempre recibía algún caramelo o alguna onza de chocolate, que hacían las delicias de cualquier niño. No todo fueron alegrías, hubo también momentos amargos, en una ocasión sentí rumores sobre un viaje de mis padres a Málaga, y ante el temor de quedarme en tierra no quería acostarme, no andaba muy equivocado, pues eso fue lo que ocurrió como pude comprobar al despertarme por la mañana, fue tal el mal rato que mis  llantos gritos y enfado, obligaron a mi abuelo a cerrar la puerta con llave pues salí corriendo en dirección al apeadero del tren y no fue poco el esfuerzo que tubo que realizar para alcanzarme, pues tenia bastante practica de carreras por el ejercicio diario que realizaba; en aquella situación no lograba entender como se habían podido marchar dejándome con mi abuela, nunca olvide aquello y cuando tuve uso de razón pedí explicaciones a mi madre, sobre cual fue el motivo de no llevarme y que comprendí después de hablar con ella. Mi padre era aficionado a la bicicleta, y en muchas ocasiones me llevaba sentado sobre un cojín en el cuadro y agarrado a la parte central del manillar, una tarde observe que faltaba la bici y como conocía las huellas que el dibujo de las cubiertas dejaba en el polvo del camino, seguí la pista hasta llegar al lugar en que se encontraba, en una casilla de peones camineros que había junto a la vía de ferrocarril, bastante alejado, donde se proveía del tabaco de picadura de procedencia cubana, (recuerdo alguna de las marcas como el cubanito o las dos onzas de oro prensadas  y envueltas en papel de vistoso colorido) cuando me vio aparecer constaté un gran enfado por su parte, ya que tenia prohibido alejarme fuera de los limites del pueblo, por temor de los tíos mantequeros que raptaban a los niños, según decían para extraerle la sangre, algo que nunca he podido comprobar si esto era cierto o inventado, aunque lo tenia en cuenta, pesaba mas la necesidad de estar con el y exponerme a un castigo, que quedarme solo sin saber donde se encontraba, la dependencia filial me obligaba a buscarle sin temor a las consecuencias; temeroso durante el camino de regreso, sin atreverme a decir ni una sola palabra, esperaba la reprimenda al llegar a casa, que al final se limitó, a una promesa por mi parte a cambio de un castigo, de no volver a repetir nunca mas semejante osadía. Mientras escribo estos renglones, recordando las vivencias de la niñez, no dejo de pensar en una de las frases del juez Calatayud,” yo no soy tu amigo soy tu padre “ El oficio con mayor responsabilidad  si se quiere  ejercer con cariño y autoridad, pensando siempre en formar  a los hijos, para que sean miembros útiles a la sociedad, defensores de la familia honrados y trabajadores, valores que nunca debemos dejar de inculcar, en tiempos de crisis y en tiempos de bonanza; en un hogar de estas características, siempre encontraran los hijos refugio consejo y apoyo en la tribulación , pues no hay mayor satisfacción que la del deber cumplido ,viendo como sus hijos se abren camino en la vida, ejerciendo y practicando todo lo aprendido en el hogar paterno.  ESTOS SI SON VERDADEROS BROTES VERDES CON GRAN PODER DE GERMINACION. Recuerdo cuando por motivos que nunca llegué a saber, mi madre me cambió de cama, lo que fue para mi de una gran tristeza, pues mi lecho era para mi algo tan personal, tan de mi propiedad que no pude digerir hasta pasado largo tiempo, aquella sentida perdida, y no es que fuera peor el que se me adjudicó, simplemente no era el mío. Voy a dar un salto de seis años y me trasladaré al año 1951 año en que después de haber hecho la primera comunión, el arzobispo de Granada Don Balbino Santos, hizo una visita pastoral al pueblo para confirmar a los niños, que todavía no la habíamos recibido; como la carretera no se veía desde la puerta de la Iglesia, el Sr. Alcalde envió al guarda rural a situarse en las eras, desde donde se dominaba la ruta, por la cual debía acercarse el coche, y una vez divisado, disparar  dos veces con una escopeta del doce, como señal para que el Sr. Párroco el Alcalde el Juez de paz el municipal y los confirmandos se colocaran en estado de revista; la llegada fue espectacular,  creo que sería la primera vez que esto ocurría, nunca había visto a tan alta dignidad apostólica, bajó del coche vestido de pontifical todo de color púrpura, desde las zapatillas las medias los guantes la capa, etc. algo realmente impactante y llamativo, como también lo fue el momento de arrodillarse para recibir el cariñoso cachete de su  mano y que forma parte del ceremonial. La despedida se hizo con el mismo protocolo que a la llegada, seguida de los aprobatorios comentarios de los asistentes respecto de la solemnidad del acto. Todos estos acontecimientos formaban parte de una manera de entender la vida, en el ambiente de una sociedad rural, quizás no muy entendible desde la óptica actual, con tantos medios telefónicos televisivos informáticos y electrónicos, pero que ha sido el de una generación, que creo ha tenido mucho que ver en el cambio y desarrollo de nuestra querida ESPAÑA. Una nación necesitada de personas, que estén dispuesta a hacer todos los sacrificios  necesarios para engrandecerla, y no de los que están empeñados en vivir a costa de ella sin hacer el más mínimo esfuerzo, convirtiéndose en una carga social imposible de soportar por nuestra mermada economía.


José Cuadros Moreno




                    OBSERVACIONES Y RECUERDOS DE MI PUEBLO

               



Sobre un suelo inclinado y empedrado, mal calzado y peor vestido las manos en los bolsillos, aterido y encogido por el frío reinante a horas tan tempranas, y a la espera de ser contratado por algunos de los dueños de las tierras que por allí debían pasar camino de la vega; aguardaba paciente poder recibir durante este tiempo ,los escasos rayos de sol que trémulos a intervalos cada vez mas largos penetraban por entre las nubes y que por su brevedad no le permitían calentar el cuerpo, pues el desayuno se había limitado a una taza de agua caliente con malta triturada (cebada o achicoria ) y posiblemente sin azúcar. Si tenia la suerte de ser llamado a trabajar, se encaminaba a su lugar de trabajo con el azadón colgado sobre el hombro, su caminar pausado y encorvado la capacha en bandolera hecha de esparto majado, solo contenía un trozo de tocino que con suerte podía ser entreverado es decir podía tener un poco de carne intercalada a modo de bandera bicolor, sobre todo si era de la papada del cerdo, un trozo de pan, una navaja sin muelle con hoja afilada sobre una piedra que se embutía en un tosco mango de madera. La mujer había quedado en casa comenzando su jornada laboral por echar la pava; es decir: poner unos cuantos palos en la chimenea si la tenia, colocar debajo unos cuantos pabilos para encenderla, ya que servían como antorcha una  vez despojadas las mazorcas de las hojas y los granos de maíz que los recubrían, después se tapaba todo con paja prensada y ya estaba lista para encender; el proceso no era corto, pero esto permitía descubrir con la rasera al atardecer las ascuas que en su interior contenía, la familia se sentaba de forma semicircular lo mas próximo al fuego dependiendo del numero de miembros para recibir los reconfortantes y caloríficos efluvios que desprendía. De la misma mazorca o panocha se extraía la cubierta vegetal que las envolvía para secarlas al sol pues con ellas una vez secas, se llenaban los colchones o jergones sobre los cuales dormían, y que en ocasiones permitían a los mas próximos vecinos oír los escarceos amorosos de la pareja, ya que los ruidos del relleno unido al de la colchoneta de muelles, componían una sinfonía sincronizada a veces discordante y estridente, que no les dejaba conciliar el sueño; a la mañana siguiente el marido era advertido de manera reservada y considerada sobre la conveniencia de mitigar en lo posible, que no impedir dichos afectos matrimoniales, cosa que  por otra parte nunca se hubiera podido conseguir, ya que era lo único que tenia  que nadie le podía  privar. Me estoy trasladando a los primeros años de la década de los cincuenta pues hasta  mil novecientos cincuenta y cinco, no se consiguió alcanzar el estado de miseria que campaba por sus respetos en mil novecientos treinta y cinco; veinte años de absoluta penuria que algunos tuvimos la suerte de no padecer, pero que si padecieron la inmensa mayoría de los españoles. La esplendorosa primavera granadina permitía recoger espárragos y collejas, poner trampas para cazar pájaros, que servían como ayuda de emergencia a la escasa dieta de vitaminas y proteínas, pues el único alimento básico consistía para los afortunados en productos derivados del cerdo con alto contenido en grasas. Durante el mes de enero se efectuaban las matanzas, en las casas que habían  tenido la oportunidad de criar cochinos o marranos dos palabras que no hacen justicia a este pobre animal que tanta hambre han  quitado ; los niños nos divertíamos inflando las vejigas para utilizarlas como globos o pelotas con un canuto de caña, tan bien  ayudábamos a pelarlos después de rociados con agua caliente para facilitar la labor, con unas cuchillas de afeitar incrustadas en un palo para evitar cortes imprevistos; mas tarde una vez llenadas las morcillas y puesta a cocer, vigilábamos  aguja en mano el proceso de cocción pues en cuanto flotaba alguna debido a que contenía aire en su interior le propinábamos una certera estocada en él globo que aparecía, para evitar que reventara a causa de la bolsa que presionaba sobre la tripa, cada pinchazo iba acompañado de un olé torero cuando se acertaba a la primera, cayendo herido de muerte hacia el fondo de la caldera de cobre tan preciado embutido; por otra parte plato estrella en mi colegio del Ave María presentado de forma abundante en fuentes de loza todavía humeantes. En la época de la siega los trabajadores provistos de una especie de guantes protectores de las manos que sin embargo dejaban libres los dedos para segar el trigo con una hoz, con mango de madera, un sombrero o papalina y un pañuelo debajo que les protegía la piel de los efectos solares, enseñanza trasmitida de los mayores pues por entonces no había dermatólogos que les pudieran informar de los perjuicios de los rayos ultravioletas. Una vez efectuadas las faenas de trilla con mulos o caballos, dirigidos desde las trillas, que nos permitían a los niños, pasearnos y divertirnos en este vehiculo de cuchillas en lugar de ruedas, en un circuito de forma circular, que nos hacían sentir como los conductores de cuadrigas en los circos romanos. El aventado del grano se realizaba cundo el viento era de levante y con la fuerza suficiente para permitir dicha faena; una vez separado el grano  y envasado, llegaban los pajeros de Rute (Córdoba) quince o veinte jóvenes al mando de un capataz , para trasladar la paja desde las eras hasta los pajares de los propietarios; estos trabajadores extendían en el suelo unas grandes lonas de tela blanca, sobre la cual echaban gran cantidad de ella que una vez completada la carga, ataban los cuatro extremos de forma cruzada, para alzarla sobre la cabeza con la ayuda de un compañero; el precio del traslado se calculaba en función de la distancia a recorrer; caminaban ligeros y oscilantes debido al peso que soportaban en forma de globo hinchado sujetándolo con ambas manos de manera alternativa para evitar su caída , pues su tamaño era bastante considerable. Cuando ocurría algún incendio de forma casual en un pajar, como estaban situados en las propias casas, el peligro de extenderse era grande, así es que avisado el sacristán, las campanas comenzaban a repicar para avisar a todo el pueblo, que inmediatamente acudía para formar una cadena de cubos de agua, desde el pozo mas cercano hasta el lugar del siniestro, ya que no había ni agua corriente en las casas ni bomberos a los que avisar, el mayor éxito suponía conseguir que el fuego no pasara al edificio aunque lo demás no se pudiera salvar, la solidaridad funcionaba pues el parentesco entre sus habitantes permitía acometer actos de buena vecindad, que redundaban en beneficio de toda la comunidad en momentos que se necesitaba la colaboración de todos los vecinos  en su conjunto. Las relaciones entre todos eran buenas, con algún  caso  puntual de falta de entendimiento que confirmaban la regla, ya que todos aceptaban de manera  forzada o voluntaria su lugar en la escala social a la que pertenecía. .  Estos acontecimientos observados a temprana edad, han sido las primeras lecciones practicas que la vida enseña a quien observa y toma nota para el futuro de lo que ocurre a su alrededor como incipiente alumno, cargado de interés por aprender y digerir las lecciones practicas que en este largo caminar recibe a cada paso, día a día mes a mes año tras año hasta el momento de nuestro viaje sin retorno, sin equipaje, procurando dejar a los que quedan atrás el mejor de los recuerdos, sus inquietudes y sus buenos deseos para todos, acompañados como sazón de un beso  una sonrisa y el mas fuerte de sus abrazos.
José Cuadros Moreno