EL REVELADO
Ordenando el mueble del dormitorio de mi hija Amelia, que le servia de
biblioteca y escritorio, entre sus muchos objetos, había un sobre de clichés de
fotos, que en innumerables ocasiones lo
había tenido en mis manos, y aunque siempre lo ponía al trasluz, nunca podía
ver con claridad, a las personas que los negativos contenían, los guardaba
nuevamente en su sobre, y hasta la próxima vez, que no tardaría mucho en
llegar; continué ordenando y repasando sus libros , los trasladé a otro lado del
estante, y por primera vez pensé y decidí, llevarlos a revelar a un estudio
fotográfico;
no fue fácil conseguirlo, pues ya era un tamaño en desuso, y había que
hacer un revelado especial, que no todos los establecimientos estaban
preparados para efectuarlo. Al fin lo conseguí en uno próximo a mi domicilio;
me dieron una semana de plazo para poder recogerlos, y pasados esos días, me
dirigí, con la ilusión de poder desvelar
el contenido de los mismos; como tenía el coche aparcado en doble fila, en una
calle de mucho transito, no me entretuve en mirar las fotos hasta no llegar a
casa; mientras subía en el ascensor, comencé a
abrir el sobre, y cual seria mi sorpresa, al observar que todos los
personajes eran de raza negra, hombres y mujeres, debían de ser de un alto
estatus social, allá en el país del cual procedieran; las ropas que vestían,
las joyas que lucían, sus aproximadamente dos metros, que debían medir, los
vestidos de las mujeres sus tocados, su aspecto físico mas que saludable, todo
el conjunto era de un lujo, poco corriente.
Una vez enseñadas a mi mujer, que quedo
igualmente sorprendida me dirigí
nuevamente al lugar de revelado, y le
expuse a la persona que me atendió, que en mi familia, no había todavía ningún
miembro de esa respetada raza, originarios de Africa, por otro lado; según han
demostrado los estudios, sobre el origen de los primeros homínidos, fue allí
donde se encontraron los restos de nuestros mas lejanos antepasados. Se
disculpó por el error cometido, achacándolo al personal del laboratorio,
dándome otra semana para investigar y ver quien había sido el causante de dicha
confusión, o hacer un nuevo revelado.
Era doce
de mayo de 2010 trigésimo octavo aniversario de mi hija, si no hubiera
fallecido a la edad de veinte años menos un mes en un accidente de moto, como
pasajera de un conductor irresponsable que se saltó un semáforo en rojo,
ocasionándole la muerte, a la que parecía hubiera sido su compañera.
Pasados los siete días, los recogí, y
en esta ocasión si eran los míos, pues en ellos estaba mi hija Amelia con
algunos de sus innumerables primos hermanos,
de una edad parecida, pues al ser cuarenta y cinco, había varios grupos, formados
de acuerdo con la fecha de su nacimiento, aunque todos se llevaban y se llevan,
como hermanos ya que al tener los doce hermanos sus casas de veraneo en la
misma finca, todos los hijos se han criado juntos, especialmente en época de
veraneo y vacaciones de navidad y semana santa; Las escenas que se veían eran
de una de las muchas excursiones, que efectuaban con cierta frecuencia, por los
pueblos de la axarquía Malagueña, que podían durar un día entero, pues las
distancias que recorrían eran considerables, y por un territorio, bastante
montañoso; calculo que sería por el año 1987, Amelia tenia entonces quince
años, reflejaba esa clara expresión de
alegría que nunca le abandonaba, pues era la viva estampa de la felicidad.
Todavía con casi veinte años se
dormía en mis brazos cada noche, como presintiendo su larga ausencia de mi
lado, cada día me hacía sentir el mas afortunado de los padres, el mas querido,
aunque ella no recibiera por mi parte un trato diferente que el resto de mis cinco hijos, cada uno,
cada persona tiene una forma diferente de expresar sus sentimientos, pero ella
lo hacía de tal manera, que ahora que no la tengo, la añoro, intensa dolorosamente,
y profundamente. Este corto relato me está sirviendo de desahogo, de vía de escape para un dolor incontenible, que solo por mi
carácter abierto y positivo, me permiten sobrellevar tan dolorosa pérdida.
Recuerdo la llegada de esa vuelta del
recorrido, de una manera especial pues venía tan cansada, con la gorra de medio
lado, tan agotada, que solo la juventud la salud que disfrutaba, le hacía
superar cualquier prueba, pues tenía una vitalidad francamente inigualable.
Los veranos , aunque vivíamos en
Sevilla, mi mujer y mis hijos los pasaban en la casa de la costa de Málaga, y
cuando yo llegaba los fines de semana, pues en eso consistían mis vacaciones,
no me daba tiempo a bajar del coche, cuando ya, esta hija mía, por muy distante
que estuviera, al sentir el motor corría para abrirme la puerta y darme el
mejor de los besos de bienvenida, yo le decía que guapa y que morena estas, y
ella me respondía ofreciéndome la mejor de sus sonrisas.
La belleza y esbeltez de su cuerpo, su estilizada silueta, su forma
de nadar, la convertían en la más bella de las sirenas; en muchas ocasiones
apoyaba sus pies en mis manos, para dar un salto por encima de mis hombros, y
penetrar en el agua, sin apenas formar la más pequeña de las olas.
Pido disculpas a todos por este
relato, que brota del corazón de un padre dolorido, que siempre encuentra
razones para seguir adelante, para superar los avatares que la vida nos
presenta, que nunca hay que desfallecer, que el resto de la familia nos
necesita. Me daría por muy satisfecho, si estas pobres palabras sirvieran de alguna
manera para cualquiera que se viera en una situación parecida, que no
desfallezca, que siga adelante con ilusión con esperanza, que es la mejor
medicina, para quien sufra esta situación, contra la que nunca hay que
revelarse, pues esto solo produciría más dolor, mas sufrimiento, y que a nadie beneficia.
Estos hechos luctuosos, humilde y
torpemente expresados en estos renglones, por el solo hecho de narrarlos, me han
proporcionado nada mas terminarlos, paz
sosiego y tranquilidad, tres empujones para continuar caminando por este valle
de lagrimas que tenemos la obligación de convertirlo, en el valle de la alegría
y del amor. El dialogo y la buena voluntad, siempre se traducen en
entendimiento, la confrontación y la mala fe, producen el efecto contrario;
pero para poner en practica estos principios, son necesarias dos cosas, buena
educación y buena formación, dos
aspectos, un poco abandonados en estos tiempos de zozobra, pero imprescindibles
si queremos conseguir, una sociedad que marche por la zenda de la justicia la
paz el entendimiento y la solidaridad. Enseñanzas que forman parte principal
del ideario del colegio, trasmitidos con acierto y firmeza por nuestro querido
rector, D. José Jiménez Fajardo, del que seremos eternamente deudores. Desde
aquí mando un fuerte abrazo a todos los compañeros, de los que guardo el mejor
de los recuerdos y el mayor de los afectos.
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