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sábado, 12 de enero de 2013


EL REVELADO



  Ordenando el mueble del dormitorio de mi hija Amelia, que le servia de biblioteca y escritorio, entre sus muchos objetos, había un sobre de clichés de fotos, que  en innumerables ocasiones lo había tenido en mis manos, y aunque siempre lo ponía al trasluz, nunca podía ver con claridad, a las personas que los negativos contenían, los guardaba nuevamente en su sobre, y hasta la próxima vez, que no tardaría mucho en llegar; continué ordenando y repasando sus libros , los trasladé a otro lado del estante, y por primera vez pensé y decidí, llevarlos a revelar a un estudio fotográfico;
 no fue fácil conseguirlo,  pues ya era un tamaño en desuso, y había que hacer un revelado especial, que no todos los establecimientos estaban preparados para efectuarlo. Al fin lo conseguí en uno próximo a mi domicilio; me dieron una semana de plazo para poder recogerlos, y pasados esos días, me dirigí, con la ilusión de poder  desvelar el contenido de los mismos; como tenía el coche aparcado en doble fila, en una calle de mucho transito, no me entretuve en mirar las fotos hasta no llegar a casa; mientras subía en el ascensor, comencé a  abrir el sobre, y cual seria mi sorpresa, al observar que todos los personajes eran de raza negra, hombres y mujeres, debían de ser de un alto estatus social, allá en el país del cual procedieran; las ropas que vestían, las joyas que lucían, sus aproximadamente dos metros, que debían medir, los vestidos de las mujeres sus tocados, su aspecto físico mas que saludable, todo el conjunto era de un lujo, poco corriente.
 Una vez enseñadas a mi mujer, que quedo igualmente sorprendida  me dirigí nuevamente  al lugar de revelado, y le expuse a la persona que me atendió, que en mi familia, no había todavía ningún miembro de esa respetada raza, originarios de Africa, por otro lado; según han demostrado los estudios, sobre el origen de los primeros homínidos, fue allí donde se encontraron los restos de nuestros mas lejanos antepasados. Se disculpó por el error cometido, achacándolo al personal del laboratorio, dándome otra semana para investigar y ver quien había sido el causante de dicha confusión, o hacer un nuevo revelado.
 Era  doce de mayo de 2010 trigésimo octavo aniversario de mi hija, si no hubiera fallecido a la edad de veinte años menos un mes en un accidente de moto, como pasajera de un conductor irresponsable que se saltó un semáforo en rojo, ocasionándole la muerte, a la que parecía hubiera sido su compañera.
Pasados los siete días, los recogí, y en esta ocasión si eran los míos, pues en ellos estaba mi hija Amelia con algunos  de sus innumerables primos hermanos, de una edad parecida, pues al ser cuarenta y cinco, había varios grupos, formados de acuerdo con la fecha de su nacimiento, aunque todos se llevaban y se llevan, como hermanos ya que al tener los doce hermanos sus casas de veraneo en la misma finca, todos los hijos se han criado juntos, especialmente en época de veraneo y vacaciones de navidad y semana santa; Las escenas que se veían eran de una de las muchas excursiones, que efectuaban con cierta frecuencia, por los pueblos de la axarquía Malagueña, que podían durar un día entero, pues las distancias que recorrían eran considerables, y por un territorio, bastante montañoso; calculo que sería por el año 1987, Amelia tenia entonces quince años, reflejaba esa  clara expresión de alegría que nunca le abandonaba, pues era la viva estampa de la felicidad.
Todavía con casi veinte años se dormía en mis brazos cada noche, como presintiendo su larga ausencia de mi lado, cada día me hacía sentir el mas afortunado de los padres, el mas querido, aunque ella no recibiera por mi parte un trato diferente  que el resto de mis cinco hijos, cada uno, cada persona tiene una forma diferente de expresar sus sentimientos, pero ella lo hacía de tal manera, que ahora que no la tengo, la añoro, intensa dolorosamente, y  profundamente.  Este corto relato me está  sirviendo de desahogo, de vía de escape  para un dolor incontenible, que solo por mi carácter abierto y positivo, me permiten sobrellevar tan dolorosa pérdida.

Recuerdo la llegada de esa vuelta del recorrido, de una manera especial pues venía tan cansada, con la gorra de medio lado, tan agotada, que solo la juventud la salud que disfrutaba, le hacía superar cualquier prueba, pues tenía una vitalidad francamente inigualable.
Los veranos , aunque vivíamos en Sevilla, mi mujer y mis hijos los pasaban en la casa de la costa de Málaga, y cuando yo llegaba los fines de semana, pues en eso consistían mis vacaciones, no me daba tiempo a bajar del coche, cuando ya, esta hija mía, por muy distante que estuviera, al sentir el motor corría para abrirme la puerta y darme el mejor de los besos de bienvenida, yo le decía que guapa y que morena estas, y ella me respondía ofreciéndome la mejor de sus sonrisas.
La belleza y esbeltez  de su cuerpo, su estilizada silueta, su forma de nadar, la convertían en la más bella de las sirenas; en muchas ocasiones apoyaba sus pies en mis manos, para dar un salto por encima de mis hombros, y penetrar en el agua, sin apenas formar la más pequeña de las olas.
Pido disculpas a todos por este relato, que brota del corazón de un padre dolorido, que siempre encuentra razones para seguir adelante, para superar los avatares que la vida nos presenta, que nunca hay que desfallecer, que el resto de la familia nos necesita. Me daría por muy satisfecho, si estas pobres palabras sirvieran de alguna manera para cualquiera que se viera en una situación parecida, que no desfallezca, que siga adelante con ilusión con esperanza, que es la mejor medicina, para quien sufra esta situación, contra la que nunca hay que revelarse, pues esto solo produciría más dolor, mas sufrimiento, y  que a nadie beneficia.
Estos hechos luctuosos, humilde y torpemente expresados en estos renglones, por el solo hecho de narrarlos, me han  proporcionado nada mas terminarlos, paz sosiego y tranquilidad, tres empujones para continuar caminando por este valle de lagrimas que tenemos la obligación de convertirlo, en el valle de la alegría y del amor. El dialogo y la buena voluntad, siempre se traducen en entendimiento, la confrontación y la mala fe, producen el efecto contrario; pero para poner en practica estos principios, son necesarias dos cosas, buena educación  y buena formación, dos aspectos, un poco abandonados en estos tiempos de zozobra, pero imprescindibles si queremos conseguir, una sociedad que marche por la zenda de la justicia la paz el entendimiento y la solidaridad. Enseñanzas que forman parte principal del ideario del colegio, trasmitidos con acierto y firmeza por nuestro querido rector, D. José Jiménez Fajardo, del que seremos eternamente deudores. Desde aquí mando un fuerte abrazo a todos los compañeros, de los que guardo el mejor de los recuerdos y el mayor de los afectos.




José Cuadros Moreno   
























































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