Cuando decidí
escribir un artículo referido a la ilusión, busqué y encontré diferentes
definiciones de este término; el diccionario de la Real academia de la lengua,
lo define
como una idea o
una imagen falta de realidad, sugerida por la imaginación o por error de los
sentidos, es decir una distorsión en la percepción, cada uno de los sentidos
del cuerpo humano puede verse afectado por ilusiones.
En psicología se
utiliza para referirse a una esperanza infundada; en otro ámbito la ilusión
puede ser la esperanza o anhelo por algo concreto, por ejemplo la ilusión de
los niños por el Día de Reyes, esta acepción positiva del término se da
solamente y exclusivamente en el idioma castellano, y tiene su origen en la
época romántica.
Otros la definen
como esperanza, cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo, y que se
traduce en alegría tras la consecución de un deseo.
Sin embargo
después de leer y pensar en todas estas definiciones, he llegado a la conclusión
personal, de que la ilusión es algo mas, es a mi humilde entender, el
combustible imprescindible para caminar por la vida, una vida sin ilusión no
creo que merezca la pena vivirla, es mas se convertiría en algo átono anodino,
que no produciría ningún fruto positivo; todo lo que de bueno ha conseguido el
hombre en su caminar por la tierra, ha tenido como cimiento, la ilusión, el
tesón, la constancia y el esfuerzo .
Pienso y he
tenido experiencias personales que en mi caso se confirman, que en muchos caso es
mas importante la ilusión que la consecución del objetivo, pues una vez
conseguido, la ilusión desaparece, y si se quiere no empobrecer no abandonar el
camino hay que sustituirla por una nueva.
Cuando comencé a
dar los primeros pasos por la vida, no me refiero a la etapa posparto,
si no ya de
adulto, tuve la ilusión de comprarme un traje con chaleco, algo que me parecía
daba cierta prestancia, cierto carácter de hombre serio y formal, y en el
momento que dispuse del dinero necesario, conseguido con mi trabajo, cumplí
aquel deseo, fui a un comercio de prestigio, y adquirí aquella prenda que
durante algún tiempo había deseado, me la probé y salí del establecimiento con
ella puesta, no podía esperar a ningún acontecimiento que requiriera su uso; pasado no demasiado tiempo me di cuenta de
que aquel objetivo conseguido, me había privado de lo que durante ese tiempo
poseí, desapareció la ilusión, que pena, percibí que eso era lo más importante,
lo que me empujaba lo que me hacía no perder el aliento ni las ganas de
esforzarme, pero inmediatamente encontré la solución, me fijé una nueva meta
que me mantendría vivo, nuevamente ilusionado, a cada ilusión completada, una
nueva la reemplazaba y así he marchado por la vida, apoyándome en ella sobre
todo en los momentos más dolorosos y difíciles que he tenido que afrontar.
Una tristeza una gran tristeza debe de ser
acompañada por ella, por la ilusión, para poder soportarla, para sobrellevarla,
una tristeza una gran tristeza sin esperanza, sería imposible de superar, la
vida debe continuar, no se puede perder el aliento, sobre todo si la familia
nos necesita, hay que mantener el tipo, hay que asentar adecuadamente la carga
sobre los hombros y seguir adelante, tratando de superar todos los obstáculos que no son
pocos, mirar siempre adelante, señalarse siempre una meta por lejana e
inalcanzable que parezca, recordemos los megalómanos sueños de la juventud.
Con el tiempo he
encontrado una formula que no tiene nada de mágico ni de extraordinario, y que
mantiene siempre la ilusión de una manera ininterrumpida ya que nunca se puede
conseguir su objetivo, es el afán por saber por conocer por aprender, esto
proceso puede y debe durar toda la vida, te mantiene lucido, esperanzado,
despierto, y como decía aquel sabio, recordar la frase, solo sé que no sé nada,
esta actitud pone al alcance de nuestra
mente un inmenso campo ilimitado, en el que podemos introducirnos sin esperar
otra cosa, que no es poco, que enriquecer cada hora cada día de nuestra
existencia, con ese afán con esas inquietudes
más propias de la adolescencia, sobre todo en esta etapa de la vida que
ahora llaman la tercera edad.
La ilusión no
debe de ser vehementemente interpretada, debe de llevarse con sosiego con
tranquilidad, con paz sin sobresaltos, ya que esa forma impositiva de
entenderla podría producir una inquietud que anularía los beneficiosos efectos
que la acompaña, que trae consigo, seguir este camino pone a nuestro alcance
una inagotable fuente de energía que nos da fuerzas, que nos interpela, y que
solo nos pide que estemos atentos, que no la abandonemos, ya que al hacerlo
solo nosotros seremos los únicos perdedores, aumentaríamos las carencias que
cada uno almacenamos como compañeras de viaje. En resumen mas formación y mejor
educación.
A CADA DIA UN NUEVO AFÁN
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