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sábado, 30 de marzo de 2013

MI JARDIN


                                                    MI JARDIN


El amor a las plantas, a la naturaleza despertado e incubado a edad muy temprana en las riberas del geníl, (el mas importante afluente del Guadalquivir, y que habían sido base y sustento de muchos núcleos de población andaluces, como Loja, Puente Geníl, Ecija,  Palma del Río, lugar  donde finaliza su recorrido para engrosar las aguas del Romano Betis;) que pobladas de una exuberante vegetación a ambos lados del cauce, cuyos especimenes mas frecuentes son chopos, álamos blancos y negros, mimbres y tarajes,  que nos servían de refugio y escondite en nuestros ricos e interminables juegos infantiles; objetos vivos de inspiración para uno de los mas excelsos poetas de la literatura española, me refiero especialmente al romancero gitano de García Lorca, máximo representante del alma y el sentir andaluz, que reflejó como nadie, ese espíritu rebelde e independiente en lo personal, que nos caracteriza.
Mis lecturas sobre Celestino Mutis, sacerdote que estudió botánica en Madrid,  medicina y filosofía en Sevilla, nacido en Cádiz en 1732 y fallecido en Santa Fe de Bogota en 1808, a donde viajó como medico personal del marques de la Vega, virrey de Nueva Granada; que enriqueció culturalmente el país, fundando una cátedra de matemáticas y posteriormente un observatorio astronómico, recorrió el territorio del virreinato estudiando la flora del mismo y comunicando parte de los materiales reunidos a Lígneo, (insigne botánico que junto con Humboldt, son los máximos exponentes en la materia) una de las especies descubiertas por el y que lleva su nombre es la Mutísia, planta arbustiva trepadora de hojas alternas terminadas en zarcillos de flores purpúreas.
Todas estas experiencias prácticas y teóricas, han sido la semilla que algún día habría de germinar, teniendo como resultado la ejecución de mi propio jardín.
Al tener construida una casa de campo en 1967, en un monte cuya  proximidad al mar, nos permitían oír el romper de las olas; comencé a tener la oportunidad de llevar a cabo mi proyecto, pero las dimensiones del solar no me permitían ejecutar la idea en su totalidad, así es que adquirí una nuevo terreno, de mil metros cuadrados, situado aledaño con el mío, que me posibilitarían cumplir el sueño tan desde niño deseado.
Compré algunos libros sobre el tema, que me servirían  más como orientación que como copia, pues el jardín debe ser algo personal, que refleje la forma de ser de sentir de sus propietarios, y lo digo en plural porque mi mujer, que tiene un sentimiento más acusado que el mío respecto de las plantas, pasa horas y horas en su cuidado, no siendo para ella ningún esfuerzo ningún trabajo, sino por el contrario un gozo una satisfacción, que le permite disfrutar, plantando, regando, podando, o recogiendo los frutos del albaricoque, que en la primera de las tres secciones en que hemos dividido el terreno se encuentra.
No queríamos un jardín de exposición sino un jardín de vida, para vivirlo para disfrutarlo, la orientación este oeste y su desnivel, nos ha permitido dividirlo en tres partes, separadas por una muralla a manera de bancales y unos tres o cuatro escalones de acceso, a cada una de ellas.
El mar al sur, al sureste y al suroeste, nos permite unas vistas relajantes durante el día y más relajantes por la noche, sobre todo en verano con la luz apagada, cuando la luna llena se refleja en el agua, dándole esos tonos plateados que permiten ver con toda claridad, las corrientes de agua que como ríos se mueven en distintas direcciones, y que ningún pintor podría reflejar tan brillantes matices en sus cuadros; el silencio la pureza del aire que respiras y el fulgor de las estrellas, observadas en posición horizontal sobre una hamaca, te hacen sentir la grandeza de la creación, haciendo vibrar y fortalecer esa sensibilidad que cada uno poseemos y que en estas ocasiones experimentamos de una forma inigualable.
Al norte los montes que nos circundan, parecen arropar con su esplendida arrogancia, esta zona del litoral como quien cuida el más preciado de los tesoros, al noreste sierra tejéda  que marca los límites entre las provincias de Málaga y Granada, y que en invierno cubierta de Nieve, sirve de introducción de antesala a la majestuosidad de Sierra Nevada. Perdón “transeamus” como decía Pedro Antonio de Alarcón en  su maravilloso relato sobre la alpujarra. Volvamos a la descripción de la primera parte del jardín, que comienza junto a la pared de la casa, a la que se accede por una puerta desde la habitación contigua, la componen dos terrazas a diferente nivel soladas con maceríes, baldosa típica de esta zona, elaborada con barro de la tierra en horno artesano de alfarero; una de ellas con un porche de madera de unos cinco metros por cinco, que nos sirve durante el verano y primavera, para hacer las comidas y las cenas; lugar repleto de múltiples y gratos recuerdos, pues aquí hemos celebrado bautizos, santos, cumpleaños, incluso la boda de mi añorado hijo José Carlos; además de lugar para charlas juegos y esparcimiento, la otra un poco mas elevada, con dos bancos de separación hechos con azulejos antiguos y dos leones a modo de vigías en su cabecera; junto a la muralla que limita y nos separa del terreno colindante, un seto de cañas de bambú que le dan más intimidad al recinto, y en el rincón una toma de agua con su goma para efectuar los riegos más próximos a ella.
Colgados en la pared del porche de madera, hay  múltiples cuadros con parejas de azulejos enmarcados, como parte de la colección que he logrado reunir a través de los años; a la derecha un cuarto trastero para guardar todos los utensilios propios de estos menesteres, además de los productos químicos necesarios para el tratamiento de las enfermedades de las plantas; todo ello adornado por innumerables macetas que mi mujer cuida con esmero.
Al lado derecho y junto a todo el recorrido de la muralla hay un amplio arriáte, con un chilíndro de flores blancas, pilístras, rosales trepadores y buganvillas, un naranjo, un níspero, celestinas y una parra de uvas moscateles propias de la axarquía, palabra de origen árabe que significa lo que está al oriente. Al lado izquierdo una fuente formada por dos parterres cuadrados con dos olivos todavía pequeños, una zona para el agua en forma de “T” rematada con una pequeña escultura de cerámica vidriada trianera, de un niño abrazando a un delfín por cuya boca sale el chorro y una especie de piña elevada verticalmente sobre la mano con un nuevo surtidor. A continuación una amplia barbacoa con pilares de ladrillo visto y techo de vigas cubiertas de corteza de pino y cañizo, que proporcionan sombra mientras preparamos los distintos asados; para llegar a ella recorremos un camino bordeado con romero en forma de seto a ambos lados, que es frecuentemente visitado por las abejas en su incesante búsqueda de polen.
El césped ocupa toda la zona central, en el que hay dos granados como escudo emblemático de mi tierra granadina, un esplendido albaricoque, árbol procedente de Persia, donde recibía el nombre de berícoco, al llegar los árabes le añadieron el articulo al, convirtiéndolo en alberícoco y una vez traído a nuestra tierra le añadimos un nuevo artículo, y alguna otra modificación literal, para ser  el actual nombre de  el albaricoque; una palmera, un almendro, una falsa pimienta (shínus molle) una Spathodea de flor amarilla, un pacifico de flor roja (hibiscus), un pequeño tejo de lento crecimiento que me regalaron en el monasterio del espino de los padres redentoristas,  junto al pueblo de Santa Gadéa en la provincia de Burgos. Este espacio de mullido verdor está muy concurrido y  alegrado por las risas y los juegos de los nietos, donde ejercitan sus cuerpos y dan rienda suelta a sus aptitudes, lo convierten al regreso de la playa en campo de batallas acuáticas con las mangueras  de riego; sus saltos y piruetas para no ser mojados por el contrario, les permiten de una manera inconciente fortalecer sus músculos y ampliar su agilidad. Al volver la tranquilidad a la zona regresan los pájaros que en los árboles anidan, mirlos, jilgueros, tórtolas, verdones, abubillas, gorriones y esa especie de cotorras de color verde, procedentes de hispano América que abundan en la zona, y que acuden a comer especialmente las semillas de los cipreses.
Separado por un bordillo al final del césped, y a todo lo ancho, varias cepas moscateles, un árbol de guayaba, un membrillo, dos mandarinos, un naranjo, dos macetones con palmeras y un frondoso laurel casi adosado a una amplia cabaña de madera,  provista de tres camas, una mesa y un armario,  cuatro ventanales cara al este, de magnificas vistas, donde duermen en ocasiones los amigos de mis hijos que los invitan; ya junto a la escalera de acceso a la segunda parte, un acerolo, y una planta rastrera procedente de África del sur de frutos comestibles en forma de aceituna gordal de color Burdeos y fuerte sabor, un nuevo pacifico de flor doble (hibíscus) y un níspero de Japón.
Al bajar los tres escalones que nos dan paso a esta segunda parte, apoyado en una tosca balaustrada de madera, encontramos nuevos arriates con cintas, cactus, una higuera y a la sombra de esbeltos cipreses de varios tipos, justo al lado derecho de la corta escalera, un nuevo níspero y un olivo cerca de la pared de una pequeña construcción de cuatro por cuatro, con tejado y puerta blindada, para proteger no el valor material de las cosas que guardo, sino el valor sentimental, al tratarse de recuerdos y objetos familiares, así como una pequeña biblioteca y el sillón donde sentarse para leer y poder oír, una de esas radios antiguas de lámparas y no de transistores que aun funciona. A la izquierda cactus, azucenas y  una pequeña alberca con cenefa de azulejos, con granadas como motivo decorativo, para regar el huerto cuando se plantan tomates, pimientos, berenjenas, calabacines; tres higueras más, cada una de distintos tipos de higos, negros blancos y morillas, dos nísperos, otro olivo y un azofaifo, que da un fruto parecido en su sabor a un dátil; esta zona esta protegida a todo lo largo  de la muralla con un seto de cipreses, que le protegen del viento norte.
Tres últimos escalones para bajar al ultimo espacio, más bien en estado natural, con una morera de moras rojas, cuatro olivos, dos azofaifos, unas cuantas cepas de uvas moscateles, vegetación propia de la zona y al final, separada y apilada por tamaños la leña para la chimenea, que nos permite calentar el hogar después de la jornada de trabajo y sentarnos a su alrededor, con un buen libro a esperar que la modorra se apodere de nuestros recuerdos,  y así como así sin saber como ni cuando, cerrar otro día de paz sosiego y tranquilidad.


                                        José Cuadros Moreno

                 PASTO DE LOS OJOS Y ELEVACION DE LAS ALMAS


Creo que no hay mejor definición de Granada que la que hizo en el siglo XIII Al Saqundi, que añadía, es encanto de la vista y del corazón, sutileza del espíritu, porque todo en ella es nuevo y peregrino.
Granada lejos del mar,¡que cielo azul, mi Granada si quisieras navegar.¡ cuantos sueños
has  despertado, cuantos sueños sigues despertando a todo el que te visita, cuantas vidas se han perdido por tenerla, ¿que atesora esta ciudad que a tantos cautiva?; yo creo que no atesora nada, porque atesorar, significa esconder, ocultar a los ojos de los demás, todo lo que consideramos valioso, imprescindible.
¡Pero ay¡, mi Granada no esconde nada, todo lo tiene a la vista, al alcance de todos, se regala sin pedir nada a cambio, solo respeto por su gente y por su historia, aquí afloran los sentimientos mas profundos, se ejercita la sensibilidad, se potencia la capacidad de soñar, el oído nos trasmite el rumor de las aguas, al pie de los palacios nazaríes. Siento como  las estrofas de una canción reflejan su carácter, y que dice: Granada no tengas miedo, de que el mundo sea tan grande, de que el mar sea tan inmenso, tú eres la novia del aire, la de la zambra de plata, la del almendro. La que por fuera es de nieve y por dentro fuego.
Pero cuando de verdad se valora en su justa medida, es al alejarse de ella, dejar de ver sus atardeceres, dejar de sentir el palpito de la ciudad, dejar de escuchar la armoniosa y musical cadencia en la forma de hablar de sus habitantes, perder esas capacidades humanas, que su contemplación despierta. Esas partes sensibles de cada uno, se sienten huérfanas, abandonadas, porque notan que han perdido, todo lo que en la vida merece la pena, esos valores intangibles, que no cotizan en bolsa, pero que te enriquecen más, que te llenan esos recónditos lugares del espíritu, que te tranquilizan, que te entristecen de una manera sosegada, al recordar, que las miserias que observamos en el mundo, ensucian el mensaje de belleza paz y arte que desde aquí se desprende, que emana de una manera natural no forzada.
Nada surge por generación espontánea, todo es fruto de un proceso largo y tortuoso, que en el caso de granada, ha sido tan brillante y doloroso como un parto.
 Las primeras noticias que de esta ciudad se tienen, comienzan con las historias de árabes ilustres, como Mohammad ben aljathib, natural de la misma granada, aun cuando oriundo de la ciudad de Loja, aquí hizo sus estudios con los profesores mas distinguidos, según cuenta su biografo y amigo el historiador Aben Jaldun. El sultán de Granada Abul Hagiag, le nombró su vizír en el año de la hégira 749 después de J.C.
En uno de sus libros comienza así: Dicen granata o agarnatha, que son dos vocablos Agemies, es decir latinizados, y  prosigue describiéndola como perteneciente a la Cora de Elvira, y entre las dos ciudades, hay la distancia de dos parasangas y un tercio,( siete millas aproximadamente).En aquellos tiempos la ciudad de Elvira, era una de las mayores coras o provincias del Al Andalus, y se haya en el centro del país conquistado, entendiendo como tal al reino Nazarí, que comprendía Málaga y Almería, con parte de las provincias de Jaén y Murcia.
 Los árabes daban el nombre de Al Andalus á toda España, y esta denominación se fue reduciendo naturalmente a la parte por ellos ocupada, hasta quedar en las actuales provincias de Andalucía. Continúa describiendo la ciudad de Elvira, como celebre y muy poblada, con numerosos habitantes ilustres, y había en ella alfaquíes y ulemas, en los rezos solían juntarse a la puerta de la mezquita, hasta cincuenta háquimas, de plata maciza debido a la gente principal que en ella vivía. Construyó dicha mezquita Mohammad ben abderrahman, según los planos que de ella hizo Hanx ben Abdal-lah Has-sannaani el Xafeita, compañero de Mahoma, que vino a la conquista de España con Muza, y fue quien diseño varias mezquitas en nuestro país, y sobre el Mihrab se lee: En el nombre de Dios excelso, fue construida esta mezquita para el servicio de al-lah. La mandó construir el emir Mohammad ben Abderamman, a quien Dios ennoblezca, esperando su gran premio y queriendo favorecer a su pueblo. Acabose con la ayuda de Dios por mandato de abdal-lah, en el mes de Dzulcada del año 205 de la hégira; y a causa de las guerras civiles, los caballos de la destrucción se fueron señoreando de sus calles y plazas, hasta que se apoderaron de ella la ruina y la desolación.
 En el año 400 de la hégira la mayoría de sus habitantes se refugiaron en la medina de Garnatha, la cual a partir de entonces se convirtió en capital del distrito, y centro de la vega; y esto a causa de su posición estratégica, la bondad de sus aires, la abundancia de sus aguas y frutos y la amplitud de sus términos; y en ella cobraron animo los temerosos.
Granada existía a la vez que Elvira, y fue adquiriendo la importancia que esta perdía desde el principio de la conquista, por este motivo muchos escritores árabes, mencionan a granada juntamente con Elvira aplicando a la primera sucesos y circunstancias de la segunda.
El propio Aben Aljathib, citando a Aben Alcuthia, que vivió en siglo IX. Relata así la entrada de Tárik ben Ziyad y su marcha después de la derrota de D. Rodrigo. Dividió entonces Tarik sus escuadrones desde Ecija; envió á Moguítz el rumí, liberto del Califa Salid, a Córdoba; envió otro ejercito a Málaga, y envió un tercer ejercito a la ciudad de Elvira y Granada, y el con la fuerzas principales, marchó a la cora de Jaén, dirigiéndose posteriormente a Toledo. Y el ejército que mandó a Málaga la tomó, y sus infieles habitantes se refugiaron en los montes inaccesibles que allí hay. Luego se incorporó este ejercito con el enviado a Elvira, la cercaron y conquistaron por la fuerza de las armas; y encontraron allí muchos judíos, a los que juntaron en la Alcazaba, dejándolos para su guarda, con una taifa o tropa musulmana. Al hablar de Muza ben Nosair que vino después de Tarík, dice que fue el hijo de aquel, Abdel-Laziz, quien ocupó a Elvira y Granada, lugar que habitaban solo los judíos.
Pocos años después de estos sucesos, por los años 743 a 745 después de Jesucristo, que gobernaba en España el Valí Abdul-jathar ben dhirar, vinieron a nuestro país los árabes de Siria, cuando ya estaba repartido el territorio entre los conquistadores que les habían precedido; y cuenta la manera como se establecieron: Ardabasto  conde de España, jefe de los cristianos y encargado de recaudar el jarách o impuesto territorial, que habían de pagar a los Emires, fue el que sugirió este recurso, pues era el conde muy nombrado, en los primeros tiempos de la dominación musulmana; aconsejó al gobernador alejar a los sirios de Córdoba, donde el residía, y donde no quedaba lugar para ellos, para que viviesen como antes lo habían hecho en Siria, y después de asegurarse su consentimiento los estableció en la cora de Elvira, señalándole a todos para su subsistencia, la tercera parte del producto que daban las tierras de los cristianos o agemíes. Luego que los sirios vieron que los parajes, que les habían designado, se asemejaban a aquellos que antes ocupaban en su patria, se alegraron, y bien pronto llegaron a ser prepotentes y ricos.
 La cora de Elvira la definen como abundante en ríos, en frutos y en árboles; se siembra en ella la caña de azúcar; tiene minas de oro y plata, plomo y hierro. Granada era llamada la Damasco del al ándalus. Pero la aventajaba por no estar asentada en la llanura, sino levantada airosamente sobre su vega.
Por los años de la hégira de 276 equivalente al 887 después de Jesucristo, ardía en todo su furor la guerra civil entre los árabes y los muladíes, capitaneados los primeros por Sawar, y los segundos por Omar ben Hafsun; la ciudad de Elvira donde florecía el cristianismo desde el famoso concilio, era el foco de la guerra contra la raza árabe, y Granada la villa de los judíos y damasquinos, que habían sido desalojados de sus posesiones en Elvira, y que deseosos de recuperarlas se fortalecieron en el cerro que hoy llamamos de la Alhambra, levantando una nueva fortaleza y ensanchando los muros y recintos de las antiguas, trabajando en ella de noche para luchar de día; por lo que se valían de antorchas, cuya luz roja, junto con el color ferruginoso de sus torres y murallas, dio motivo a la denominación de Alhambra o la roja. Badis hijo de Habus ben Makasen, fue el primero que erigió a Granada como capital de sus estados, el que construyó los cimientos de su Alcazaba y la rodeó de fuertes murallas, aun hoy día se revelan las muestras de su grandeza y poderío, en las construcciones y edificios que fueron levantados por sus mandatos; entre ellos el puente fabricado por el kadí de la ciudad, en el año 447 de la hégira, 1058 d J. C. y en el año 449, ocupó la ciudad de Málaga, que incorporó a sus dominios, acabando según dicen la magnifica y fuerte obra de su famosa Alcazaba, de modo que puede considerársele como el verdadero soberano, que con absoluta independencia, llegó a establecer en Granada la corte de todo el territorio.
Nombró como visir a un judío llamado Yuseph hijo de Ismael ben Nagdela, y este en una de las audiencias concedidas y en  presencia del Sultán, ofendió y calumnió al por entonces famoso poeta y religioso Abu Ishac; este en represalia escribió un poema contra los judíos, que fue motivo de su destierro a Elvira y su posterior muerte; estos hechos provocaron una insurrección popular, que llegaron a entrar por la fuerza en el  palacio del Sultán, y matar allí al visir que había buscado refugio en su recinto. Los demás judíos de la ciudad, vinieron también a ser victimas de tal furor, y cerca de cuatro mil de ellos fueron muertos en esta ocasión, y sus bienes saqueados; todo lo cual ocurrió el 11 de Zafar del año 459 de la hégira.
El escrito que provocó la rebelión decía así: Vuestro Sultán ha cometido una grave falta, de la que se regocijan los que os aborrecen; pues pudiendo escoger su secretario entre los creyentes, ha ido a tomarlo entre los infieles. Gracias a este visir los judíos de menospreciados que antes eran, son ahora grandes señores, y su orgullo y su arrogancia no conocen ya limites. ¡Oh Badis! Tu que eres hombre de tanta sagacidad, que tus conjeturas equivalen a la certeza ¿como es que no ves el mal que hacen estos demonios? Cuando llegué a Granada, observé que allí los judíos eran los reyes. Ellos habían dividido entre sí la capital y las provincias, y en una y otras mandaban estos malditos. Su jefe tiene un palacio revestido con incrustaciones de mármol, y ha hecho construir fuentes, por las que corre el agua más pura; y mientras le esperamos a la puerta, se burla de nosotros y de nuestra religión. Abu Ishac recitó tendido sobre su lecho mortuorio, la ultima poesía que compuso, cuando un visir de granada que tomó interés por el, había ido a visitarle en la estrecha cabaña, en que murió al final del mismo año 459 de la hégira, poco tiempo después de la terrible matanza de los judíos, y fue sepultado, en el lugar de su destierro y nacimiento, que era la ciudad de Elvira.
Los propios escritores árabes, aseguran que Garnatha significa el fruto conocido por granada en la lengua que usaban los cristianos viejos; y en los escudos de armas y banderas, y hasta en las doblas de oro de los reyes granadinos, se representaba la enseña de esta ciudad con una granada abierta y mostrando los granos, al igual que hoy figura con idéntico objeto en nuestros escudos y enseñas nacionales. No mucho mas tarde, en el año 477 de la hégira murió también Badis, y le sucedió su nieto Abdal-ben Balquin ben badis.
 Había un poeta llamado Somasair, también de Elvira y aun proscrito por sus sátiras contra los berebéres en general, y en particular contra este rey; en una ocasión dijo en presencia de Almotazin  el de Almería para congraciarse con este, lo siguiente contra Abdal-lah: cuando yo le veo fortificar más su castillo de Granada, pienso que de puro insensato está labrando su prisión: como el gusano de seda va hilando lentamente su capullo.
Cierto es que el rey granadino tuvo la poca dicha de encontrarse frente a frente, con los dos guerreros mas venturosos y temibles de su siglo: el famoso Rodrigo Díaz de Vivar y Yusef ben Texufin; pues en mala hora para el, se hallaba en guerra con Abén Abad Almotamíd, el de Sevilla, cuando el Cid Campeador había ido a la corte de este otro príncipe, a cobrar el tributo que pagaba a Alfonso VI de Castilla, en señal de vasallaje. El rey granadino tenia tomados a su servicio muchos caballeros cristianos, que formaban parte de su ejercito, entre los cuales se encontraba  el conde García Ordóñez, descendiente del infante D. Ordóño, hijo del rey D. Ramiro, y todos juntos con lucida hueste musulmana, invadieron los estados del de Sevilla.
Rodrigo Díaz de Vivar, arrastrado como siempre, del espíritu caballeresco, a usanza por aquel tiempo, hizo saber al rey de Granada que no debía atacar al Sevillano, pues era amigo y aliado del suyo, D. Alfonso; pero no bastando sus ruegos ni sus amenazas, a contener el ímpetu de los granadinos, que amenazaban hasta Cabra, poniéndolo todo a sangre y fuego, les salió al encuentro, con sus propios caballeros y el ejercito de Almotamid, con el cual, tras un reñido combate, derrotó a los contrarios, e hizo prisioneros muchos de los cristianos, hasta el propio García Ordóñez, despojándoles de todo cuanto llevaban, devolviéndoles la libertad al tercer día. 
Cuando aquellos pequeños reyes musulmanes, mal avenidos entre sí, y en continuas guerras y rivalidades, llamaron en su ayuda, contra las armas y grandeza, siempre crecientes de los cristianos, al victorioso almorávide Yusef Ben Texufin, afamado por haber vencido no ha mucho tiempo a Alfonso VI en la batalla de Zalaca, volvió sus miras conquistadoras sobre los débiles señores, que había venido a proteger, y fue su primera victima el de Granada, Abdal-lah Ben Balquin. Al presentarse Yusef en ademán hostil, frente a los muros de la ciudad, salió Abdal-lah á recibirle, como amigo con gran aparato; pero fue cargado de cadenas al poner pie en la tienda de campaña, que creía  dispuesta para su alojamiento, en el año 483 de la hégira. El almorávide de seguida hizo su entrada triunfal en la ciudad, en medio de ruidosas aclamaciones de júbilo; pues ya contaba con numerosos seguidores dentro de las murallas. ¿Que tendrá esta tierra que todos la pretendían y todos morían por ella?                
Granada y sus monumentos, su  entorno, la sierra y la vega,  sus aguas su vegetación, sus primaveras, sus cielos, son fiel y excelso exponente, de lo que la naturaleza por un lado y esa faceta sublime del sentir humano, han llegado a reunir en este privilegiado lugar, para orgullo de sus pobladores y disfrute de los que la visitan.
. El rey de Castilla decía “Granada si tú quisieras,
                                           Contigo me casaría
                                            Daréte en arras y dote
                                            A Córdoba y a Sevilla
 O aquel romance de frontera que tan brillantemente expresaba, Granada es una dama cuyo marido es el monte. Y es del todo comprensible que excelsos poetas, canten en verbos arrebatados, lo que esta tierra les hace sentir, Víctor Hugo  escribe:
                                                 En Granada hay más Hechizos
                                                 Que granos rojizos tiene
                                                  La fruta que hay en los valles
                                                  No hay nada más hermoso ni más grande
O el paraíso terrenal, el edén que José Zorrilla describe:
                                                   Granada ciudad bendita, 
                                                    Reclinada sobre flores,
                                                    Quien no ha visto tus primores
                                                    Ni vio luz, ni gozó bien…

                                     José Cuadros Moreno             
                    
     

                 PASTO DE LOS OJOS Y ELEVACION DE LAS ALMAS


Creo que no hay mejor definición de Granada que la que hizo en el siglo XIII Al Saqundi, que añadía, es encanto de la vista y del corazón, sutileza del espíritu, porque todo en ella es nuevo y peregrino.
Granada lejos del mar,¡que cielo azul, mi Granada si quisieras navegar.¡ cuantos sueños
has  despertado, cuantos sueños sigues despertando a todo el que te visita, cuantas vidas se han perdido por tenerla, ¿que atesora esta ciudad que a tantos cautiva?; yo creo que no atesora nada, porque atesorar, significa esconder, ocultar a los ojos de los demás, todo lo que consideramos valioso, imprescindible.
¡Pero ay¡, mi Granada no esconde nada, todo lo tiene a la vista, al alcance de todos, se regala sin pedir nada a cambio, solo respeto por su gente y por su historia, aquí afloran los sentimientos mas profundos, se ejercita la sensibilidad, se potencia la capacidad de soñar, el oído nos trasmite el rumor de las aguas, al pie de los palacios nazaríes. Siento como  las estrofas de una canción reflejan su carácter, y que dice: Granada no tengas miedo, de que el mundo sea tan grande, de que el mar sea tan inmenso, tú eres la novia del aire, la de la zambra de plata, la del almendro. La que por fuera es de nieve y por dentro fuego.
Pero cuando de verdad se valora en su justa medida, es al alejarse de ella, dejar de ver sus atardeceres, dejar de sentir el palpito de la ciudad, dejar de escuchar la armoniosa y musical cadencia en la forma de hablar de sus habitantes, perder esas capacidades humanas, que su contemplación despierta. Esas partes sensibles de cada uno, se sienten huérfanas, abandonadas, porque notan que han perdido, todo lo que en la vida merece la pena, esos valores intangibles, que no cotizan en bolsa, pero que te enriquecen más, que te llenan esos recónditos lugares del espíritu, que te tranquilizan, que te entristecen de una manera sosegada, al recordar, que las miserias que observamos en el mundo, ensucian el mensaje de belleza paz y arte que desde aquí se desprende, que emana de una manera natural no forzada.
Nada surge por generación espontánea, todo es fruto de un proceso largo y tortuoso, que en el caso de granada, ha sido tan brillante y doloroso como un parto.
 Las primeras noticias que de esta ciudad se tienen, comienzan con las historias de árabes ilustres, como Mohammad ben aljathib, natural de la misma granada, aun cuando oriundo de la ciudad de Loja, aquí hizo sus estudios con los profesores mas distinguidos, según cuenta su biografo y amigo el historiador Aben Jaldun. El sultán de Granada Abul Hagiag, le nombró su vizír en el año de la hégira 749 después de J.C.
En uno de sus libros comienza así: Dicen granata o agarnatha, que son dos vocablos Agemies, es decir latinizados, y  prosigue describiéndola como perteneciente a la Cora de Elvira, y entre las dos ciudades, hay la distancia de dos parasangas y un tercio,( siete millas aproximadamente).En aquellos tiempos la ciudad de Elvira, era una de las mayores coras o provincias del Al Andalus, y se haya en el centro del país conquistado, entendiendo como tal al reino Nazarí, que comprendía Málaga y Almería, con parte de las provincias de Jaén y Murcia.
 Los árabes daban el nombre de Al Andalus á toda España, y esta denominación se fue reduciendo naturalmente a la parte por ellos ocupada, hasta quedar en las actuales provincias de Andalucía. Continúa describiendo la ciudad de Elvira, como celebre y muy poblada, con numerosos habitantes ilustres, y había en ella alfaquíes y ulemas, en los rezos solían juntarse a la puerta de la mezquita, hasta cincuenta háquimas, de plata maciza debido a la gente principal que en ella vivía. Construyó dicha mezquita Mohammad ben abderrahman, según los planos que de ella hizo Hanx ben Abdal-lah Has-sannaani el Xafeita, compañero de Mahoma, que vino a la conquista de España con Muza, y fue quien diseño varias mezquitas en nuestro país, y sobre el Mihrab se lee: En el nombre de Dios excelso, fue construida esta mezquita para el servicio de al-lah. La mandó construir el emir Mohammad ben Abderamman, a quien Dios ennoblezca, esperando su gran premio y queriendo favorecer a su pueblo. Acabose con la ayuda de Dios por mandato de abdal-lah, en el mes de Dzulcada del año 205 de la hégira; y a causa de las guerras civiles, los caballos de la destrucción se fueron señoreando de sus calles y plazas, hasta que se apoderaron de ella la ruina y la desolación.
 En el año 400 de la hégira la mayoría de sus habitantes se refugiaron en la medina de Garnatha, la cual a partir de entonces se convirtió en capital del distrito, y centro de la vega; y esto a causa de su posición estratégica, la bondad de sus aires, la abundancia de sus aguas y frutos y la amplitud de sus términos; y en ella cobraron animo los temerosos.
Granada existía a la vez que Elvira, y fue adquiriendo la importancia que esta perdía desde el principio de la conquista, por este motivo muchos escritores árabes, mencionan a granada juntamente con Elvira aplicando a la primera sucesos y circunstancias de la segunda.
El propio Aben Aljathib, citando a Aben Alcuthia, que vivió en siglo IX. Relata así la entrada de Tárik ben Ziyad y su marcha después de la derrota de D. Rodrigo. Dividió entonces Tarik sus escuadrones desde Ecija; envió á Moguítz el rumí, liberto del Califa Salid, a Córdoba; envió otro ejercito a Málaga, y envió un tercer ejercito a la ciudad de Elvira y Granada, y el con la fuerzas principales, marchó a la cora de Jaén, dirigiéndose posteriormente a Toledo. Y el ejército que mandó a Málaga la tomó, y sus infieles habitantes se refugiaron en los montes inaccesibles que allí hay. Luego se incorporó este ejercito con el enviado a Elvira, la cercaron y conquistaron por la fuerza de las armas; y encontraron allí muchos judíos, a los que juntaron en la Alcazaba, dejándolos para su guarda, con una taifa o tropa musulmana. Al hablar de Muza ben Nosair que vino después de Tarík, dice que fue el hijo de aquel, Abdel-Laziz, quien ocupó a Elvira y Granada, lugar que habitaban solo los judíos.
Pocos años después de estos sucesos, por los años 743 a 745 después de Jesucristo, que gobernaba en España el Valí Abdul-jathar ben dhirar, vinieron a nuestro país los árabes de Siria, cuando ya estaba repartido el territorio entre los conquistadores que les habían precedido; y cuenta la manera como se establecieron: Ardabasto  conde de España, jefe de los cristianos y encargado de recaudar el jarách o impuesto territorial, que habían de pagar a los Emires, fue el que sugirió este recurso, pues era el conde muy nombrado, en los primeros tiempos de la dominación musulmana; aconsejó al gobernador alejar a los sirios de Córdoba, donde el residía, y donde no quedaba lugar para ellos, para que viviesen como antes lo habían hecho en Siria, y después de asegurarse su consentimiento los estableció en la cora de Elvira, señalándole a todos para su subsistencia, la tercera parte del producto que daban las tierras de los cristianos o agemíes. Luego que los sirios vieron que los parajes, que les habían designado, se asemejaban a aquellos que antes ocupaban en su patria, se alegraron, y bien pronto llegaron a ser prepotentes y ricos.
 La cora de Elvira la definen como abundante en ríos, en frutos y en árboles; se siembra en ella la caña de azúcar; tiene minas de oro y plata, plomo y hierro. Granada era llamada la Damasco del al ándalus. Pero la aventajaba por no estar asentada en la llanura, sino levantada airosamente sobre su vega.
Por los años de la hégira de 276 equivalente al 887 después de Jesucristo, ardía en todo su furor la guerra civil entre los árabes y los muladíes, capitaneados los primeros por Sawar, y los segundos por Omar ben Hafsun; la ciudad de Elvira donde florecía el cristianismo desde el famoso concilio, era el foco de la guerra contra la raza árabe, y Granada la villa de los judíos y damasquinos, que habían sido desalojados de sus posesiones en Elvira, y que deseosos de recuperarlas se fortalecieron en el cerro que hoy llamamos de la Alhambra, levantando una nueva fortaleza y ensanchando los muros y recintos de las antiguas, trabajando en ella de noche para luchar de día; por lo que se valían de antorchas, cuya luz roja, junto con el color ferruginoso de sus torres y murallas, dio motivo a la denominación de Alhambra o la roja. Badis hijo de Habus ben Makasen, fue el primero que erigió a Granada como capital de sus estados, el que construyó los cimientos de su Alcazaba y la rodeó de fuertes murallas, aun hoy día se revelan las muestras de su grandeza y poderío, en las construcciones y edificios que fueron levantados por sus mandatos; entre ellos el puente fabricado por el kadí de la ciudad, en el año 447 de la hégira, 1058 d J. C. y en el año 449, ocupó la ciudad de Málaga, que incorporó a sus dominios, acabando según dicen la magnifica y fuerte obra de su famosa Alcazaba, de modo que puede considerársele como el verdadero soberano, que con absoluta independencia, llegó a establecer en Granada la corte de todo el territorio.
Nombró como visir a un judío llamado Yuseph hijo de Ismael ben Nagdela, y este en una de las audiencias concedidas y en  presencia del Sultán, ofendió y calumnió al por entonces famoso poeta y religioso Abu Ishac; este en represalia escribió un poema contra los judíos, que fue motivo de su destierro a Elvira y su posterior muerte; estos hechos provocaron una insurrección popular, que llegaron a entrar por la fuerza en el  palacio del Sultán, y matar allí al visir que había buscado refugio en su recinto. Los demás judíos de la ciudad, vinieron también a ser victimas de tal furor, y cerca de cuatro mil de ellos fueron muertos en esta ocasión, y sus bienes saqueados; todo lo cual ocurrió el 11 de Zafar del año 459 de la hégira.
El escrito que provocó la rebelión decía así: Vuestro Sultán ha cometido una grave falta, de la que se regocijan los que os aborrecen; pues pudiendo escoger su secretario entre los creyentes, ha ido a tomarlo entre los infieles. Gracias a este visir los judíos de menospreciados que antes eran, son ahora grandes señores, y su orgullo y su arrogancia no conocen ya limites. ¡Oh Badis! Tu que eres hombre de tanta sagacidad, que tus conjeturas equivalen a la certeza ¿como es que no ves el mal que hacen estos demonios? Cuando llegué a Granada, observé que allí los judíos eran los reyes. Ellos habían dividido entre sí la capital y las provincias, y en una y otras mandaban estos malditos. Su jefe tiene un palacio revestido con incrustaciones de mármol, y ha hecho construir fuentes, por las que corre el agua más pura; y mientras le esperamos a la puerta, se burla de nosotros y de nuestra religión. Abu Ishac recitó tendido sobre su lecho mortuorio, la ultima poesía que compuso, cuando un visir de granada que tomó interés por el, había ido a visitarle en la estrecha cabaña, en que murió al final del mismo año 459 de la hégira, poco tiempo después de la terrible matanza de los judíos, y fue sepultado, en el lugar de su destierro y nacimiento, que era la ciudad de Elvira.
Los propios escritores árabes, aseguran que Garnatha significa el fruto conocido por granada en la lengua que usaban los cristianos viejos; y en los escudos de armas y banderas, y hasta en las doblas de oro de los reyes granadinos, se representaba la enseña de esta ciudad con una granada abierta y mostrando los granos, al igual que hoy figura con idéntico objeto en nuestros escudos y enseñas nacionales. No mucho mas tarde, en el año 477 de la hégira murió también Badis, y le sucedió su nieto Abdal-ben Balquin ben badis.
 Había un poeta llamado Somasair, también de Elvira y aun proscrito por sus sátiras contra los berebéres en general, y en particular contra este rey; en una ocasión dijo en presencia de Almotazin  el de Almería para congraciarse con este, lo siguiente contra Abdal-lah: cuando yo le veo fortificar más su castillo de Granada, pienso que de puro insensato está labrando su prisión: como el gusano de seda va hilando lentamente su capullo.
Cierto es que el rey granadino tuvo la poca dicha de encontrarse frente a frente, con los dos guerreros mas venturosos y temibles de su siglo: el famoso Rodrigo Díaz de Vivar y Yusef ben Texufin; pues en mala hora para el, se hallaba en guerra con Abén Abad Almotamíd, el de Sevilla, cuando el Cid Campeador había ido a la corte de este otro príncipe, a cobrar el tributo que pagaba a Alfonso VI de Castilla, en señal de vasallaje. El rey granadino tenia tomados a su servicio muchos caballeros cristianos, que formaban parte de su ejercito, entre los cuales se encontraba  el conde García Ordóñez, descendiente del infante D. Ordóño, hijo del rey D. Ramiro, y todos juntos con lucida hueste musulmana, invadieron los estados del de Sevilla.
Rodrigo Díaz de Vivar, arrastrado como siempre, del espíritu caballeresco, a usanza por aquel tiempo, hizo saber al rey de Granada que no debía atacar al Sevillano, pues era amigo y aliado del suyo, D. Alfonso; pero no bastando sus ruegos ni sus amenazas, a contener el ímpetu de los granadinos, que amenazaban hasta Cabra, poniéndolo todo a sangre y fuego, les salió al encuentro, con sus propios caballeros y el ejercito de Almotamid, con el cual, tras un reñido combate, derrotó a los contrarios, e hizo prisioneros muchos de los cristianos, hasta el propio García Ordóñez, despojándoles de todo cuanto llevaban, devolviéndoles la libertad al tercer día. 
Cuando aquellos pequeños reyes musulmanes, mal avenidos entre sí, y en continuas guerras y rivalidades, llamaron en su ayuda, contra las armas y grandeza, siempre crecientes de los cristianos, al victorioso almorávide Yusef Ben Texufin, afamado por haber vencido no ha mucho tiempo a Alfonso VI en la batalla de Zalaca, volvió sus miras conquistadoras sobre los débiles señores, que había venido a proteger, y fue su primera victima el de Granada, Abdal-lah Ben Balquin. Al presentarse Yusef en ademán hostil, frente a los muros de la ciudad, salió Abdal-lah á recibirle, como amigo con gran aparato; pero fue cargado de cadenas al poner pie en la tienda de campaña, que creía  dispuesta para su alojamiento, en el año 483 de la hégira. El almorávide de seguida hizo su entrada triunfal en la ciudad, en medio de ruidosas aclamaciones de júbilo; pues ya contaba con numerosos seguidores dentro de las murallas. ¿Que tendrá esta tierra que todos la pretendían y todos morían por ella?                
Granada y sus monumentos, su  entorno, la sierra y la vega,  sus aguas su vegetación, sus primaveras, sus cielos, son fiel y excelso exponente, de lo que la naturaleza por un lado y esa faceta sublime del sentir humano, han llegado a reunir en este privilegiado lugar, para orgullo de sus pobladores y disfrute de los que la visitan.
. El rey de Castilla decía “Granada si tú quisieras,
                                           Contigo me casaría
                                            Daréte en arras y dote
                                            A Córdoba y a Sevilla
 O aquel romance de frontera que tan brillantemente expresaba, Granada es una dama cuyo marido es el monte. Y es del todo comprensible que excelsos poetas, canten en verbos arrebatados, lo que esta tierra les hace sentir, Víctor Hugo  escribe:
                                                 En Granada hay más Hechizos
                                                 Que granos rojizos tiene
                                                  La fruta que hay en los valles
                                                  No hay nada más hermoso ni más grande
O el paraíso terrenal, el edén que José Zorrilla describe:
                                                   Granada ciudad bendita, 
                                                    Reclinada sobre flores,
                                                    Quien no ha visto tus primores
                                                    Ni vio luz, ni gozó bien…

                                     José Cuadros Moreno             
                    
     

HIJOS DEL CAMINO


                      
                                      HIJOS DEL CAMINO
No hay mayor verdad que la que describe el poeta Antonio Machado, cuando dice: caminante no hay camino se hace camino al andar.
 Cada uno de nosotros partimos de la propia estación con rumbo y destino desconocidos, muchas  veces sin el equipaje necesario o adecuado ya que no sabemos, incluso desconocemos las peculiaridades de los territorios donde nos vamos adentrando,?serán fríos y destemplados¿ ¿serán calurosos y difícilmente soportables¿ ? llevamos ropa de abrigo en el primer caso¿ ? llevamos algo ligero que nos proteja de las altas temperaturas en el segundo¿ no lo sabemos porque desconocemos lo que nos vamos a encontrar; tendremos días soleados llenos de luz que invitarán a todo menos a la tristeza o al desaliento, pero también habrá otros muchos llenos de pardos y espesos nubarrones que te sumirán en una amarga tristeza; el saldo resultante de ambos actuarán como lo hacen los elementos naturales el agua o el viento; irán conformando y modelando tu espíritu, limando asperezas y añadiendo valores, procurando mantener siempre vivas la esperanza y la ilusión, como combustible indispensable para continuar avanzando a pesar de los tropiezos.
 Procuramos oír los consejos de los mas experimentados, de los mayores, por educación, pero sin prestar mucha atención, la fuerza arrolladora de la juventud nos impide aceptar otra cosa que no sea nuestra propia opinión de todo lo que nos rodea,! la experiencia no se trasmite! hay que pasar por los mismos errores para comprobar la veracidad de los consejos desoídos; somos hijos del camino que recorremos, con sus pendientes, sus curvas, sus socavones,  nuestro presente y más nuestro futuro dependerá de cómo nos vayamos adaptando a las diferentes situaciones con las que nos vamos encontrando en este largo caminar que es la vida; ¿es verdaderamente largo? o solo es una impresión; la forma de interpretar el tiempo va variando con la edad, en la niñez los días  los meses y los años corren con una lentitud desesperante, nunca llegaremos a cumplir la mayoría de edad con la velocidad que nos gustaría, en la madurez todo marcha tan rápidamente que ya nos parece estar cerca de la estación final del recorrido; con que velocidad han crecido los hijos a pesar de la lucha que ha costado conseguir hacer de ellos hombres y mujeres de los que nos sintamos orgullosos, y puedan ser personas sanas honradas y útiles a la sociedad  en que les tocará vivir.
Pero más importante que el vestido que llevemos en este recorrido para protegernos de las inclemencias del tiempo, es el equipaje interior del que nos hemos debido proveer y dotar durante la niñez y la juventud, este será el que más ayuda nos proporcionará en el momento que nos toque ocupar nuestro sitio, nuestro lugar en el entorno social donde debemos desarrollar nuestras aptitudes, procurando hacer notar sin estridencias sin imposición de una manera positiva, la hidalguía, la honradez, el esfuerzo personal para ir aprendiendo y mejorando a cada paso, a la vez que tratar de convertir el ambiente que nos rodea si es derrotista y poco atractivo, en todo lo contrario, en algo alegre, amable y optimista; el pesimismo se trasmite con una rapidez inusitada; la vida no se debe llevar repartiendo agravios, ni tampoco con vergonzosos testimonios, con zancadillas a todo y a todos los que nos rodean; muchos de los que conocemos llamados trepas, consideran que tienen suerte, que son mas listos que los demás según ellos porque han alcanzado muy rápidamente su objetivo, el talento y la astucia mal entendida y peor utilizada, les lleva a no tener en cuenta que lo han conseguido atropellando a todo lo que les impide llegar pronto al final de la escalera, pero esta llegada anticipada, sin haber subido los escalones uno a uno, tomando posesión y conciencia de cada uno de ellos, es un grave error porque cada uno de ellos es una etapa de nuestra vida, que no se debe saltar de una manera súbita, sino pausada, dejando en cada uno de ellos una huella un rastro que pueda servir de orientación a quien viene detrás, pero no, estos personajes van dejando solo heridas a su paso, creando y sembrando  malestar y corrupción allá por donde pasan, sin poner limites a su ambición.
Ha habido en la historia de la humanidad multitud de ejemplos en uno y otro sentido, muchos de ellos personas dignas de ser estudiadas e imitadas y otros muchos que solo han traído dolor miseria muerte y guerras, cuesta trabajo en estos momentos de nuestra historia, entender como hechos luctuosos ocurridos a los pueblos a las naciones y no en la antigüedad sino en épocas recientes, se repiten de una manera cíclica solo por la ambición de unos pocos, arrastrando a todos los demás al desastre; estos en el fondo personajillos, se crecen en situaciones permisivas sin freno, defendiendo unos valores espúreos inventados, para obtener provecho propio sin tener en cuenta las verdaderas necesidades de los otros, que solo se dedican, que solo se ocupan todo el tiempo en lograr con dificultad y con mucho esfuerzo llevar adelante a su familia, pero son manipulados de una manera consciente por el que lo lleva a cabo y de una manera inconsciente  el que se deja manejar por algún iluminado que solo le va a proporcionar a corto plazo más penurias más sufrimiento de las que ya padece. Así es la vida, escasean los buenos ejemplos y abundan los malos, pues las personas situadas en la cúspide de la escala social, que debían de ser imagen a seguir para los demás, se dedican a pervertir esos valores que hipócritamente dicen defender, desarrollando un comportamiento que encierra todo lo negativo y perverso que somos capaces de albergar, exponiendo de una manera descarada ante toda la sociedad la ruindad a que son capaces de llegar estos desaprensivos dirigentes, portadores de los más bajos instintos y de los más censurables comportamientos.
 Ese no es el camino, o se cambia de ruta o el precipicio esta cerca. Se necesitan conductores avezados, honrados, diestros y esforzados, y ahí radica el problema, ¿como encontrarlos ¿ desde luego no en las alturas.  ¿DONDE ESTAN¿……….

                                                                      José Cuadros Moreno


martes, 26 de febrero de 2013

amanecer


                              AMANECER
 Las esporádicas visitas a la tierra que me vio nacer, me permiten sacar a la luz recuerdos casi olvidados, renovar el oxigeno que alimenta el sentimiento y actualizar algunos de los momentos ya muy atrás vividos, y a su vez afianzar mas profundamente las raíces que de una manera imperceptible nos unen a ella; fruto de la mas reciente ha sido el relato que sigue a continuación , en el que de una manera sencilla procuro describir, las reacciones, las costumbres que condicionan la forma de proceder a edades tan tempranas, como consecuencia de la educación recibida y de la dependencia filial tan hondamente enraizada.
Acostado en un colchón de farfollas( hojas que envuelven la mazorca de maíz) colocado sobre el suelo, debajo de una frondosa parra de uvas negras a modo de porche, que proporcionaba sombra a la casa orientada hacía el este en las horas que el sol daba de frente, arropado solo con una sabana, aterido y encogido por el frío del amanecer aunque fuera todavía el mes de agosto, decidí no seguir sintiendo el frescor de la mañana que me impedía conciliar el sueño; me levanté con la intención de entrar en la casa y ponerme a cubierto de la escasa temperatura que en el exterior había; en esta parte del monte las noches y los amaneceres recomiendan abrigarse un poco mas de lo normal, los días como contraste eran de una exuberante luminosidad y fuerte calor. Una vez dentro de la casa y sentado en una silla de anea, esperaba a que se levantaran las hermanas y la mañana avanzara, para comenzar un nuevo día. Terminado el desayuno que consistía en un tazón de leche de cabra migado con sopas de pan del día anterior, nos dispusimos a comenzar la normal jornada de trabajo; asesorado por el hijo del propietario subí a una mula que pastaba cerca en un rastrojo después de aparejarla, para dirigirnos a otra parte de la finca, ya subido y acomodado apreté los talones en los ijares comenzando al momento el animal un alegre trote para mi más que ligero, pero logré asirme bien a la montura para no caerme y acompañarlo hasta un terreno alejado y agreste, donde estaban segando el trigo sin que la bestia me derribara. Llegado al lugar de la faena desmonté, até el animal a un olivo y avancé por el rastrojo hasta el tajo en que los segadores, hoz en mano y provistos de deales así le llamaban a una especie de guantes que protegían las manos,  cortaban los secos tallos de espigas pajizas  y los hacían gavillas, atándolas con una tomiza echa de esparto majado para llevarlas al carro que cerca de ellos esperaba y cuyo destino final sería la era. Una vez completada la carga nos pusimos en marcha hacía la parva; yo regresé aupado y arrellanado encima de los ases de trigo, animado por el traqueteo de la carreta y las ordenes que el gañan dirigía con talante imperativo y algún que otro improperio a las dos mulas, que con esfuerzo tiraban de la carga por aquel camino plagado de baches y agujeros, como consecuencia de las lluvias del pasado invierno y primavera, sin haber recibido desde entonces ninguna reparación ni acondicionamiento que facilitaran la marcha; el olor de la mies recién segada y el picor de las finas agujas de las espigas, introducidas debajo de la ropa a causa de los brincos que daba el centenario y milenario transporte, me producían un picor que me ocupaba casi todo el cuerpo, ya cubierto por el polvo que el rodar de la carreta y las patas de las acémilas producían, me hace ahora  recordar una imagen costumbrista, reflejada con soltura y brillantez por muchos pintores de la epoca romántica del diecinueve. Después de tan sinuoso trayecto con los animales casi exhaustos por el esfuerzo, arribamos junto a la trilla donde se descargaban los haces. Era un cortijo situado en una pequeña loma muy cerca de un arrollo, en cuya ribera había una huerta con varios tipos de árboles frutales, especialmente melocotones que por allí llaman durásnos por lo poco que aguantan sin pudrirse, con las ramas inclinadas hacia el suelo y apoyadas sobre palos en forma de y griega a modo de muletas para que no se rompieran a causa del peso del fruto que estos prolíficos ejemplares dan; había granados, melones, sandias y otros productos propios de esta época del año como tomates, pimientos, cebollas y berenjenas, que les proveían de lo necesario para alimentar a toda la familia, a la vez que enriquecían con abundantes vitaminas la dieta excesiva de grasas derivadas del consumo de chacinas y tocinos de cerdo; estaba compuesta de tres hijas y un hijo mayor que yo, que todo el día estaba trabajando en la siega y demás faenas propias de una casa de campo, con varios mulos y caballos a los que cuidar, era tiempo de recolección; el padre amigo del mío me había invitado a pasar unos días en la finca, yo tenía nueve o diez años y notaba la soledad, en lo que para mi ya era una larga ausencia del hogar paterno, al no encontrar con quien jugar para hacer mas amena y llevadera la estancia entre aquellas personas, que con las mejores intenciones por su parte, me habían llevado a lomos de una de las yeguas que utilizaban para sus traslados al pueblo no muy distante.
Al atardecer del tercer día cuando el reloj solar anunciaba el crepúsculo y los pardos reflejos del astro rey se habían perdido por el horizonte, sentado solo en un banco del lateral de la casa, que lo utilizaban para que las mujeres subieran a las caballerías, echando de menos a mis padres y a mi circulo de amigos y los juegos con los que nos divertíamos, bailando el trompo, jugando a policías y ladrones con pistolas y sables hechos de madera de chopo, tan abundante en las riberas del Geníl, un poco cansado por subir y bajar en repetidas ocasiones la sinuosa y empinada cuesta que había entre la casa y la huerta para degustar algunas de las frutas que naturaleza brindaba; sin reflexionar sin pensármelo dos veces ni tener en cuenta las consecuencias de mi acción y sin avisar a nadie, me volví para mi casa a paso mas que ligero; el trayecto no era muy largo pero llegué de anochecida, aun recuerdo la tranquilidad la satisfacción de encontrarme nuevamente en casa arropado por mi entorno, mi padre al ver mi inesperado regreso, sorprendido y extrañado no encontraba explicación ni justificación a lo que había hecho, me llamó duramente la atención, estando además preocupado por no poder avisar a mis anfitriones de lo ocurrido ya que no había teléfono, la única forma era trasladarse al cortijo para pedir disculpas por lo ocurrido, era ya de noche cerrada cuando pensaba salir para informales de mi regreso, en el momento que llegaban dos de las hermanas preguntando por mi, extrañadas por mi inesperada ausencia que les inquietó y les preocupó, pues por aquellos años 49 o 50 corría la voz de que existían unos tíos mantequeros que raptaban a los niños; mi hermana un año mas pequeña que yo animada por mis progenitores para afear mi conducta y darme una lección, se ofreció a marchar con ellas y hacerme ver como se debía uno comportar en cada momento. La salida fue alegre nuevamente en dirección a la finca, con la satisfacción de haberme encontrado sano y salvo y acompañadas de un nuevo miembro de la familia, la noche era cerrada y la falta de iluminación permitía observar un cielo estrellado, pudiendo observar con toda claridad la vía láctea la osa mayor y la menor, la estrella polar etc.  En repetidas ocasiones tumbados boca arriba nos entreteníamos con frecuencia, durante esa época estival en mirar la luna con sus sombras y manchas, que nosotros imaginábamos con forma de un leñador cargado con su haz de leña, interpretación trasmitida por nuestros mayores propia de una sociedad rural. La jornada concluyó, nos acostamos yo quizá antes de lo acostumbrado para evitar nuevas reprimendas, cuando a eso de las tres o las cuatro de la mañana, suena la aldaba o llamador de la puerta, baja mi madre para preguntar quien llama y cual sería su sorpresa, al ver que nuevamente eran las dos hermanas y el hermano acompañadas de la mía, que había marchado hacía pocas horas, aparentemente voluntaria a pasar unos días en el mismo lugar que yo acababa de abandonar; al poco tiempo de llegar y echar de menos a mis padres comenzó a llorar, no encontrando consuelo en las palabras que tan cariñosa familia le dirigía, a la vista del precedente decidieron traerla nuevamente a casa sin dilación; la cara de mis padres ante la nueva sorpresa era todo un poema, no encontraban palabras que disculparan el comportamiento de unos niños no acostumbrados a alejarse del hogar paterno; yo por mi parte encontré cierto apoyo cierto argumento a mi favor, pues lo que acababa de ocurrir reforzaba mi conducta aunque no fuera ni correcta ni oportuna. Los tres momentáneos tutores marcharon después de despedirse y quitarle hierro a lo ocurrido; durante varios años después, cada vez que mi padre veía a su amigo, la disculpa era el primer saludo, la amistad continuó pero nunca más se repitió la invitación, porque jamás hubiéramos sido autorizados a pernoctar fuera del hogar a edades tan tempranas, en unos tiempos en el que muchas de las personas vivían y morían en el mismo lugar de su nacimiento, sin haber salido nunca mas allá de los limites del pueblo; época afortunadamente pasada pero no olvidada, que algunos tuvimos la suerte de no sufrir, pero que una inmensa mayoría sufrió con resignación en esos años de  posguerra, en los que la miseria y la pobreza se enseñoreaban sin compasión, en la inmensa mayoría de la sociedad, con más crudeza en las ciudades que en los pequeños núcleos de población rural, donde el cultivo de lo imprescindible, la recogida de espárragos y collejas, la caza con trampas y escopetas les permitía capear aunque solo ligeramente el temporal.
                                                                                     José Cuadros Moreno



              



miércoles, 16 de enero de 2013


                               Y SE HIZO LA LUZ
        Era la noche del 31 de Diciembre de mil novecientos sesenta, cuando por primera vez me dirigía junto con dos amigos a la  fiesta de fin de año en unos locales acondicionados para tal fin; digo que era la primera vez porque efectivamente era la  primera vez, ya que siempre la había pasado en casa con mis  padres y hermanos pues esa era la costumbre la norma por aquellos tiempos, en que las salidas nocturnas no eran bien vistas ni facilitadas, la norma era disfrutarla en familia y después de las doce campanadas, visitar a los abuelos que vivían muy próximos a nosotros.
Con veinte años la imaginación vuela a velocidad supersónica, dando por descontado que este acontecimiento tendría unos resultados acorde con los deseos que de manera vehemente deseaba que ocurrieran.
Iba ilusionado por ver como sería comerse las doce uvas fuera del hogar paterno y como celebrar la despedida del año junto con mis dos amigos, y si se cumpliría el principal objetivo que era conocer alguna chica con la que formalizar una relación, pues a esa edades se necesita de una manera perentoria, en lo físico y en lo sentimental a otra persona con la que compartir todos esos proyectos que deberían concluir en la formación de una nueva familia.
Cuando llegamos al local observé como todo el espacio estaba adornado: con farolillos de colores, mesas, perchas y sillas donde depositar los abrigos, pues la noche como corresponde a tal fecha era fresquita; la música y la multitud de chicas invitaban a pasarlo bien. Mientras observábamos y buscábamos el mejor sitio para sentarnos, percibí justo al lado derecho de donde me  encontraba, unos asientos libres y tres chicas guapas acompañadas de una pareja un poco mayor, pero también joven aunque creo que casada; inmediatamente pensé que no sería mal sitio ni mala decisión sentarse cerca de aquel ramillete de flores vistosas alegres y por lo que parecía libres de compromiso; no fue un error como inmediatamente pude comprobar, me acerque al pequeño grupo para solicitar un baile que se me concedió por una de las jóvenes allí presentes, bien proporcionada, muy femenina de delicados modales, mirada tierna coqueta y misteriosa; mientras bailábamos me contó que eran dos hermanas que habían acudido a celebrar la despedida de año también por primera vez; la que me acompañaba era Pilar y Amelia la otra de ellas que justo en ese momento pasaba a mi lado bailando con otro joven, al cruzarse me dedicó una sonrisa, me imagino que propia del momento, de la ilusión y de la fecha que invita a exteriorizar esos alegres sentimientos de una manera espontánea; el siguiente baile se lo solicité a la hermana y mientras bailábamos, me cautivó su mirada y su elegancia, aunque han pasado cincuenta años recuerdo como iba vestida, una falda color hueso, una blusa malva con una especie de corbata del mismo color y una guirnalda de flores de papel a manera de collar; la chaqueta del mismo tejido que la falda había quedado en la silla como pude comprobar en el descanso.
La charla fue amena, nos tomamos las doce uvas sin atragantarnos, nos reímos y quedamos citados para el día siguiente, (que no era tal pues ya había pasado la media noche) en misa de una en la catedral.
No recuerdo a que hora nos acostamos, pero sí que cuando desperté no había tiempo de llegar a la cita, no obstante corrí lo suficiente para ver como salían en ese momento, pues la celebración acababa de finalizar; observé con los ojos bien abiertos a cada una de las personas, deseando con verdadera vehemencia que hubiese acudido a misa, cual fue mi alegría cuando apareció por la puerta que da ala calle Cister, tan lozana y elegante como la había dejado hacía pocas horas; me disculpé de una manera sentida y un poco nervioso, pues no recuerdo haber llegado tarde nunca en mi vida familiar o profesional, a ninguna de las citas o reuniones que hubiera quedado; dimos un paseo por el centro de la ciudad y como se acercaba la hora del almuerzo, la invité a una cerveza en uno de los bares próximos a la plaza de la constitución; la acompañe hasta su casa y nos despedimos sin haber concretado nada, algo que fui lamentando de regreso a casa.
Durante toda la semana siguiente no podía olvidar aquella mirada, así es que estaba deseando que llegara nuevamente el domingo para dirigirme a misa de una en la catedral, esperando que ella se encontrara allí y poder volver a verla.
Con la ilusión de poder repetir y alargar lo más posible un nuevo paseo, me dirigí nuevamente a misa con el tiempo más que suficiente, por si la veía entrar o sí ya estaba dentro y Eureka allí estaba acompañada de su amiga María Victoria. Me latía fuertemente el corazón cuando me dirigía a su lado; nos saludamos con una sonrisa y una vez comenzada la misa, en el momento de arrodillarse le acerque una boina que alguien había olvidado para que sus rodillas no tocaran el frío suelo, ella aceptó el gesto y me ofreció una nueva y amable sonrisa que me lleno de satisfacción; salimos juntos y yo esperanzado por haberla podido encontrar de nuevo, el día era soleado uno de esos días malagueños llenos de luz que invitan a todo menos a la tristeza, paseamos por el parque contentos ilusionados y por mi parte rendido a sus encantos, esta vez si nos citamos para un próximo encuentro que no tardaría en llegar.
Regresé a casa cantando y corriendo, no podía digerir así como así lo que me estaba ocurriendo pero lo intuía como real, sin artificios ni encantamientos; me pareció que hasta entonces había andado buscando algo que en aquel momento acababa de encontrar.
¿ amor a primera vista? ¿ reacción química provocada por nadie sabe como a través de los sentidos? No lo sé pero algo me estaba pasando inexplicablemente, sería esa necesidad que todo hombre tiene de encontrar su media naranja o el polo opuesto que le pudiera complementar; la verdad es que cuando vamos por la calle vemos parejas en las que encontramos muchas similitudes que podrían explicar esa unión que nadie sabe como ocurre o que mecanismo hace de cupido.
Los poetas cuando hablan de enamorados y enamoramientos, siempre lo hacen con énfasis lírico y verbo arrebatador; yo solo puedo decir que me ocurrió como al ciego que abre los ojos por primera vez a la luz, o el incrédulo que encuentra su camino hacía Damasco. Tuve una gran sensación de paz y sosiego que lleno mi espíritu, al descubrir en aquella mujer la que habría de ser para siempre la mía.
En uno de los siguientes paseos, no pude esperar  mas para cogerle de la mano, a lo que ella quizá con sorpresa pero sin rechazo me dedicó una mirada de asentimiento, que yo interpreté como una escritura hecha y registrada en el bufete mayor del reino, legal signada y rubricada en presencia de los mas importantes y próximos testigos, las palmeras del parque, el murmullo del agua de la fuente y el arrullo de las palomas.
Todo se hizo mas bonito de pronto, las rosas y los claveles se convirtieron en nuestros principales objetivos, pues cada tarde que paseábamos por los jardines, volvíamos a casa con un ramo que su madre le ponía a un niño de Dios que según me contaba, era tan bonito como los que se veían en los museos, en las iglesias o en las catedrales; cada tarde me despedía con pesar y con dolor por tener que separarnos aunque solo fuera por poco tiempo.
Las horas pasaban tan lentamente que parecía no llegar nunca el momento de la tarde para recogerla, cuando salía del trabajo no andaba ni corría, sino que volaba camino de la calle victoria para encontrarme con ella, cogerle la mano y pasear por el parque o el paseo marítimo; teniendo siempre en cuenta que debíamos de estar de vuelta a las diez de la noche como hora limite, pues según me contaba su padre era muy estricto en cuanto a la hora de llegada a casa. Los domingos cuando iba a recogerla, al pasar por la plaza de la merced cogía una flor llamada espírea, que estaba compuesta de multitud de pequeñísimos capullos blancos que me colocaba en el ojal de la solapa; este gesto lo asociaba y me hacía recordar  aquella escena romántica que cuentan de un torero y su amada: y es como sigue, iba haciendo el paseíllo con un gran ramo de rosas en la mano; al compás del pasodoble cruzaba la plaza al frente de la cuadrilla y después de saludar ceremoniosamente a la presidencia me fui derecho hacia un palco donde estaba mi enamorada, le ofrecí el ramo a aquella mujer bellísima, ella tomó las rosas que le ofrecía con gallarda apostura y cogiendo una de ellas, la mas roja la besó y me la ofreció con no menos gentileza; Yo me la coloqué en el ojal de la chaquetilla  llevándola como la mas preciada de las condecoraciones, me fui lleno de súbito coraje hacia la fiera que me esperaba rugiendo desesperadamente, echando espumarajos por la boca y fuego por los ojos, el terrible toro se precipitó sobre mi; yo adelanté el pecho y el húmedo hocico de la bestia paso rozando junto a la rosa que ella le había devuelto. Este sencillo gesto me irrito sobremanera, no se porque pero me irritó muchísimo y una vez irritado me empeñe en hacer rabiar a la fiera, pasándole la rosa una y otra vez por el hocico y mientras el publico observaba con escalofriante emoción, ocurrió al fin una cosa sorprendente, algo entre prestidigitación e ilusionismo: el toro limpiamente con el mas hábil juego de pitones que pueda imaginarse, enganchó la rosa roja y me la sacó del ojal de la chaquetilla llevándola prendida en el acta. Al ver esto la enamorada y parte del público se desmayaron de emoción. Así conquisté yo a mi mujer según contó el periodista que hizo la reseña de la corrida al día siguiente, aunque yo creo que la cosa fue un poco más sencilla.
Recuerdo como en una ocasión fui a recogerla a la estación de suburbanos cuando volvía de la finca familiar del Rincón de la victoria, donde habitualmente pasaban las vacaciones y donde ella misma había nacido durante una de ellas. Me oculté para no ser visto y fui andando solo unos metros detrás de ella hasta el parque sin que se percibiera de mi presencia, disfrutando en silencio y ensimismado de su gallardía al andar, ataviada con un vestido de ropa vaquera que me trasportaba no se a que lugar; no pude resistir mas, la alcancé para darle la sorpresa y contarle que no había llegado tarde, sino que venia contemplando y admirando el paisaje desde distinto lugar, pero igual de bonito atrayente y atractivo.
Los románticos atardeceres con la luna llena eran nuestro habitual ejercicio contemplativo, desde cualquier sitio que se divisara, mirara hacía lo alto o la mirara a ella siempre estaba en el cielo. No hay mejor definición de esta emoción, que aquel verso del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer que así decía.
En el majestuoso conjunto de la creación, no hay nada que conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu, que dé vuelo a mi fantasía, como la luz apacible y desmayada de la luna………….
Es bueno positivo y aconsejable mantener vivos y presentes los recuerdos, sobre todo los agradables bonitos y emocionantes, ejercitan la mente, rejuvenece a la persona y la hace mas amable de carácter.
Esta etapa inmejorable de nuestra juventud, recordada y mantenida como actual y vigente, es el combustible imprescindible para poder afrontar todas las vicisitudes que la vida real nos presenta, las limitaciones de nuestros megalómanos sueños, nos estimula en las dificultades y nos da paz y conformidad en las difíciles situaciones por las que pasa una familia a lo largo de cincuenta años, y a pesar de los pesares a merecido la pena con mayúscula, pues ha tenido como fruto seis hijos inmejorables y diez nietos de ensueño, que hacen las delicias de los abuelos y les permiten seguir repartiendo con ilusión el cariño que brota espontáneo de un corazón alegre confiado y agradecido.
Estos sentidos renglones son el regalo para mi mujer Amelia con el cariño de siempre en el día de su santo, treinta y uno de mayo de dos mil once.
          
                                                                          José Cuadros Moreno









domingo, 13 de enero de 2013


                                APRENDIZ DE CAZADOR     

 Decía el ilustre granadino Ángel Ganivét: Hoy todo el mundo se inclina respetuosamente ante la luz eléctrica, y no se registra ninguna oposición ninguna opinión en contra de las lámparas incandescentes, ¿Qué ha pasado aquí? lo que pasa es que hemos perdido la vergüenza, quiero decir la timidez. A la primera oleada de luz reparamos en que nuestro estado exterior no era muy brillante y nos afligimos  que nuestras miserias quedaran tan a la vista; pero pasado el primer bochorno las oleadas sucesivas no nos hacen mella.
 El sol también alumbraba, quizá demasiado; pero el sol no depende de nosotros. Lo que el descubre lo hace sin nuestro asentimiento. Mientras que la luz que nosotros creamos y pagamos, nos hace responsables y nos obliga a ver antes que es lo que vamos a alumbrar. Por lo tanto el criterio que me parece debía regir en esta materia, es el de asearse y embellecerse en primer termino y elegir después aquel sistema de alumbrado que dé más luz por menos dinero. Y para no romper del todo con el aceite, creo que se debía continuar utilizando el velón y el candil en el interior de las casas, porque han sido en España dos firmes defensores de la vida familiar, que hoy se va relajando por varias causas, entre las cuales, no es la menor el abuso de la luz eléctrica. El antiguo hogar no solo estaba formado por la familia, sino también por el brasero y el velón, que con su calor escaso y su débil luz, obligaban a las personas a aproximarse y a formar un núcleo común. Poned un foco eléctrico y una estufa que iluminen y calienten toda una habitación por igual y habréis dado el primer paso para la disolución de la familia.
A mitad de camino entre el velón y las modernas iluminaciones pero todavía con el brasero y la mesa de camilla, sentado junto a mi abuelo y mi tío Paco, bien avanzado el otoño, recibía las primeras lecciones en el arte o el deporte de la caza, que consistía en aprender a llenar los cartuchos especiales de zorzales, para una escopeta del doce que tenía una incrustación redonda de limoncillo en la culata, y que tenía por nombre lucera;   había que tener en cuenta la medida de la pólvora, la cantidad y calibre de los plomos, materia importante que había de conocer, para a continuación introducirle los tacos y cerrarlos rebordeando hacia el interior con una pequeña maquina diseñada a tal efecto.
La primera salida de acompañante, bien abrigado ya que la hora de caza era al atardecer,  casi terminado el otoño, en un pequeño bosque de álamos y chopos junto al río genil.  Define el diccionario al zorzal como un ave  congénere del tordo, que tiene la cabeza pequeña, el pico delgado, las alas agudas, la cola ancha y redonda, y el plumaje pardo por encima, rojizo con manchas grises en el pecho y blanco en el vientre. Había que ser rápido en encarar y disparar pues este pájaro es de una visión y un oído sobresaliente, que al menor síntoma de peligro no llega a posarse en la rama cuando ya había levantado nuevamente el vuelo; el corazón me latía fuertemente al sentir esa especie de silbido que anunciaba su inminente llegada, en el momento de posarse sonó un disparo certero que le hizo caer justo a nuestro lado, me levanté de inmediato para recogerlo lleno de emoción, el momento era inenarrable, el olor de la pólvora unido al de la sangre del pájaro, acompañado por el murmullo del agua del río y el aroma de las hojas secas, las mimbres y los tarajes, me hacían sentir a mis once años como principal y único actor de la más importante hazaña jamás vivida, nuevas llegadas nuevos disparos, la emoción fue en aumento, hasta que la noche se echó encima y hubo que dar por terminada tan emocionante salida, concretada en una docena de aves, que nada más llegar a casa los desplumamos y mi abuela los preparó en unas parrillas sobre las ascuas; que manjar, mientras los degustábamos había miradas de complicidad, pues este momento era producto o así lo sentía, de nuestro común esfuerzo aunque mi trabajo solo había consistido en su traslado.
 En mis sueños de aquella noche me enfrenté a lobos zorros y jabalíes, en todos los lances salí victorioso, orgulloso de haber podido abatir semejantes fieras, cuando me desperté aun tenía  dudas sobre si esta gesta era real o solo ilusión, todavía no estoy seguro, pues ya había leído como Don Quijote realizó hazañas inigualables y no eran fruto de encantamientos. La primer clase practica sobre el terreno se daba por finalizada y me debía de ir preparando para la segunda, que era la de cazar a la perdiz con reclamo. Ya entrado el invierno, mas abrigado que la vez anterior ya que la temperatura era bastante baja, nos dispusimos a salir, yo como siempre de acompañante de mi tío, con esa jaula especial para este tipo de ave, en forma de obús de artillería, cubierta con una funda color verde, para evitarle las molestias que el traslado le podía ocasionar  a nuestro pájaro en caso de ir descubierta. Una vez llegados al puesto, que consistía en un semicírculo hecho de piedras a media altura, rematado por ramas de camuflaje que dejaban suficiente hueco para la escopeta y la visión, la jaula, retirada a una distancia prudencial de nuestra cabaña y en terreno despejado libre de piedras y matojos; la espera no fue larga, nuestro reclamo comenzó a cantar y la respuesta no se hizo esperar, apareció un contrincante con ganas de pelea, y después de dejar el tiempo reglamentario que las normas del buen cazador obligan a respetar, sonó un disparo y el rival cayó abatido, salí como impulsado por un resorte a recoger aquel trofeo, que ya no era un relativamente pequeño zorzal, no, era algo importante algo de una escala superior; volvía tembloroso con aquel tesoro en mis manos, lleno de colorido y  aun caliente; nuevamente sentado en el mismo sitio, sobre una piedra bastante mas fría que cuando la abandone pues la tarde iba avanzando y la temperatura en descenso, los dedos casi no los sentía, los pies doblados y las manos en los bolsillos tratando de calentarlos lo mas posible, en ese momento un nuevo canto y un nuevo contrincante, más farruco y más engallado que el anterior y mi tío sin respetar el tiempo de espera requerido, le pegó un escopetazo que le hizo rodar por el suelo, nuevo salto y a la talega; así dimos por terminada mi segunda lección; ya era un poco tarde y el recorrido hasta el pueblo era bastante largo y sinuoso, aunque llevábamos linternas la precaución no estaba de más. La entrada  triunfal con los trofeos a la vista, fueron del total agrado de mi abuelo. Una vez sentados alrededor de la chimenea, comentamos todos los pormenores, la brillantez del comportamiento de nuestra perdiz, le hizo quedar clasificado como uno de los mejores pájaros de la zona, elevando bastante alto su precio entre los aficionados.
La tercera clase que recuerdo, era la del conejo al rececho, habían llegado noticias de que en una zona del río muy poblada de vegetación, se encontraban abundantes madrigueras, desde donde al atardecer salían los conejos a beber; entre las matas y el agua había una especie de playa que permitiría dispararles al salir de su refugio. Nuevamente en camino esta vez muy cerca, ya que el río en su recorrido casi baña el pueblo a su paso, nos dirigimos  a donde tendríamos que situarnos para gozar de una amplia visión  de la zona de disparo, cruzamos el río por un vado; despojados de los zapatos y subidos los pantalones, para situarnos justo enfrente al otro lado del cauce, sentados a la vista sobre una gran piedra, sin nada que nos tapara pues según los entendidos si no te mueves los gazapos no distinguen a las personas, olvidaba comentar que era el mes de agosto y la abundancia de mosquitos en las riberas me estaban martirizando, ya que al no poder mover ni pies con pantalón corto, ni manos, las picaduras especialmente en la nariz, no me permitían evitar los mohines que eran constantes y las llamadas de atención de mi tío para que no me moviera repetitivas, no sé si la información recibida era errónea, o solo era una de esas tardes aciagas que algunos cazadores comentan, la verdad es que no vimos ni siquiera un conejo, pero si llegué a casa con la cara llena de picaduras que mi madre trato de remediar con crema, esa noche no recuerdo haber soñado nada, el picor y  el escozor apenas me dejaron conciliar el sueño.
Mi padre viendo la afición que parecía tener, me compró muna escopeta de aire comprimido, pues debido a mí corta edad era a lo único que podía aspirar de momento; así es que me dedique a esa caza menor, que consistía en gorriones especialmente y alguna tórtola rara vez.
Ya de adulto me compré un rifle con objeto de acudir a alguna montería, cosa que nunca ocurrió por diferentes motivos, pero si tuve ocasión de acudir a una cacería de ánsares en la finca de un amigo en las marismas del Guadalquivir; junto con un familiar nos levantamos a las cinco de la mañana, era el mes de febrero, llegamos a la finca completamente de noche pues Isla Menor no esta lejos de Sevilla; la espesa y densa niebla invadía toda la zona, el capataz que nos esperaba en la cancela de entrada, nos  aconsejo entráramos en la casa que se encontraba justo al lado, pues los toros bravos cuyos mugidos se escuchaban muy cerca, hacían temer por nuestra integridad; no tardó mucho en llegar la persona que nos acompañaría, para indicarnos el lugar donde debíamos situarnos, no sin antes haber pasado por una de las naves para recoger cuatro ánsares que servirían de reclamo; ya sin mas demora nos dirigimos al lugar donde acecharíamos el paso de las numerosas bandas que por los alrededores se encontraban. El campo estaba totalmente inundado como es preceptivo en el monocultivo del arroz, solo una franja de dos escasos metros entre parcela y parcela quedaba libre del liquido elemento, el portador de las aves metidas en un saco, se introdujo en el agua a cierta distancia de la vereda, y fue fijando a cada una mediante una estacas clavadas profundamente en el barro, ya que hay que tener en cuenta que el ánsar suele pesar de seis a ocho kilos incluso más, y su fuerza es considerable. Mi puesto iluminado con una linterna pues todavía no había amanecido, era un cubículo de un metro y medio de profundidad, con una especie de escalón donde nos podríamos sentar, una vez desalojado el agua que hasta el borde contenía, provisto de una lata de unos cinco litros, comencé a lanzar fuera con ahínco lata tras lata hasta que conseguí dejar libre de H2O el agujero, coloque un saco en el asiento y provisto de pantalones, botas de agua y  chaqueta impermeable me introduje no sin cierta cosilla, de modo y manera que solo sobresalía la cabeza y el rifle. Comenzaba a amanecer cuando empezamos a oír los tiros de otros cazadores incluso veíamos como caían algunos de los ánades de las bandas que surcaban el cielo; mientras tanto observaba como el agua que había sacado se estaba empezando nuevamente a filtrar, mojándome las pantorrillas debido a la proximidad de las lagunas que nos rodeaban. El capataz nos tenía advertido que no disparáramos hasta no ver posarse en el suelo, mejor dicho en el agua a la mayor parte de la banda, que deberían acudir a la llamada de los reclamos que a tal efecto estaban colocados; no sé si fue nuestra inexperiencia o nuestra urgencia por abatir algunos de los que por encima pasaban, que dudando si no llegarían a posarse y pasarían de largo, comenzamos a disparar a bulto sin lograr abatir ninguno de los numerosos pájaros, que siguieron su vuelo sin inmutarse, así hasta las dos de la tarde sin haber cobrado la más mínima pieza; impelido por la desilusión, apunté a los que teníamos fijos y que no habían logrado atraer a sus congéneres, pagando los pobres el pato, nunca mejor dicho de nuestro fracaso. Salí estornudando y tosiendo del agujero, introduje los ánsares en el mismo saco que habían llegado, dos para cada uno, y que cada cual, difícil tarea, contara en su casa y a sus amigos el éxito de la caza como mejor pudiera,  yo estuve una semana malo con fiebre. Así es que pasado el tiempo y vistas las nuevas obligaciones administrativas que poseer dicha arma requerían, decidí y  puse en practica, vender el rifle  a un armero que me dio la mitad de lo que me había costado, finalizando así el ejercicio de este deporte que tantos aficionados tiene en España, que me consta se divierten, pero que yo pude descubrir en mis propias carnes no era lo mío.
 En este relato no pretendo desanimar a nadie que este interesado en practicarlo y mucho menos a los que ya lo hacen, pues sé de buena tinta que se divierten, hacen ejercicio al aire libre y mantienen las reservas cinegéticas españolas, creando riqueza en zonas necesitadas de ingresos que elevan el nivel de vida de sus pobladores. Con esto  doy por terminado este relato deseando a todos los aficionados, mucho éxito en sus salidas.
                                                     José Cuadros Moreno