HIJOS DEL
CAMINO
No hay mayor verdad que la que describe el
poeta Antonio Machado, cuando dice: caminante no hay camino se hace camino al
andar.
Cada
uno de nosotros partimos de la propia estación con rumbo y destino desconocidos,
muchas veces sin el equipaje necesario o
adecuado ya que no sabemos, incluso desconocemos las peculiaridades de los
territorios donde nos vamos adentrando,?serán fríos y destemplados¿ ¿serán
calurosos y difícilmente soportables¿ ? llevamos ropa de abrigo en el primer
caso¿ ? llevamos algo ligero que nos proteja de las altas temperaturas en el
segundo¿ no lo sabemos porque desconocemos lo que nos vamos a encontrar;
tendremos días soleados llenos de luz que invitarán a todo menos a la tristeza
o al desaliento, pero también habrá otros muchos llenos de pardos y espesos nubarrones
que te sumirán en una amarga tristeza; el saldo resultante de ambos actuarán
como lo hacen los elementos naturales el agua o el viento; irán conformando y
modelando tu espíritu, limando asperezas y añadiendo valores, procurando
mantener siempre vivas la esperanza y la ilusión, como combustible
indispensable para continuar avanzando a pesar de los tropiezos.
Procuramos
oír los consejos de los mas experimentados, de los mayores, por educación, pero
sin prestar mucha atención, la fuerza arrolladora de la juventud nos impide aceptar
otra cosa que no sea nuestra propia opinión de todo lo que nos rodea,! la
experiencia no se trasmite! hay que pasar por los mismos errores para comprobar
la veracidad de los consejos desoídos; somos hijos del camino que recorremos,
con sus pendientes, sus curvas, sus socavones, nuestro presente y más nuestro futuro
dependerá de cómo nos vayamos adaptando a las diferentes situaciones con las
que nos vamos encontrando en este largo caminar que es la vida; ¿es
verdaderamente largo? o solo es una impresión; la forma de interpretar el
tiempo va variando con la edad, en la niñez los días los meses y los años corren con una lentitud
desesperante, nunca llegaremos a cumplir la mayoría de edad con la velocidad
que nos gustaría, en la madurez todo marcha tan rápidamente que ya nos parece
estar cerca de la estación final del recorrido; con que velocidad han crecido
los hijos a pesar de la lucha que ha costado conseguir hacer de ellos hombres y
mujeres de los que nos sintamos orgullosos, y puedan ser personas sanas
honradas y útiles a la sociedad en que
les tocará vivir.
Pero más importante que el vestido que
llevemos en este recorrido para protegernos de las inclemencias del tiempo, es
el equipaje interior del que nos hemos debido proveer y dotar durante la niñez
y la juventud, este será el que más ayuda nos proporcionará en el momento que
nos toque ocupar nuestro sitio, nuestro lugar en el entorno social donde
debemos desarrollar nuestras aptitudes, procurando hacer notar sin estridencias
sin imposición de una manera positiva, la hidalguía, la honradez, el esfuerzo
personal para ir aprendiendo y mejorando a cada paso, a la vez que tratar de
convertir el ambiente que nos rodea si es derrotista y poco atractivo, en todo
lo contrario, en algo alegre, amable y optimista; el pesimismo se trasmite con
una rapidez inusitada; la vida no se debe llevar repartiendo agravios, ni
tampoco con vergonzosos testimonios, con zancadillas a todo y a todos los que
nos rodean; muchos de los que conocemos llamados trepas, consideran que tienen
suerte, que son mas listos que los demás según ellos porque han alcanzado muy
rápidamente su objetivo, el talento y la astucia mal entendida y peor
utilizada, les lleva a no tener en cuenta que lo han conseguido atropellando a
todo lo que les impide llegar pronto al final de la escalera, pero esta llegada
anticipada, sin haber subido los escalones uno a uno, tomando posesión y
conciencia de cada uno de ellos, es un grave error porque cada uno de ellos es
una etapa de nuestra vida, que no se debe saltar de una manera súbita, sino
pausada, dejando en cada uno de ellos una huella un rastro que pueda servir de
orientación a quien viene detrás, pero no, estos personajes van dejando solo
heridas a su paso, creando y sembrando
malestar y corrupción allá por donde pasan, sin poner limites a su
ambición.
Ha habido en la historia de la humanidad
multitud de ejemplos en uno y otro sentido, muchos de ellos personas dignas de
ser estudiadas e imitadas y otros muchos que solo han traído dolor miseria muerte
y guerras, cuesta trabajo en estos momentos de nuestra historia, entender como
hechos luctuosos ocurridos a los pueblos a las naciones y no en la antigüedad
sino en épocas recientes, se repiten de una manera cíclica solo por la ambición
de unos pocos, arrastrando a todos los demás al desastre; estos en el fondo
personajillos, se crecen en situaciones permisivas sin freno, defendiendo unos
valores espúreos inventados, para obtener provecho propio sin tener en cuenta
las verdaderas necesidades de los otros, que solo se dedican, que solo se
ocupan todo el tiempo en lograr con dificultad y con mucho esfuerzo llevar
adelante a su familia, pero son manipulados de una manera consciente por el que
lo lleva a cabo y de una manera inconsciente el que se deja manejar por algún iluminado que
solo le va a proporcionar a corto plazo más penurias más sufrimiento de las que
ya padece. Así es la vida, escasean los buenos ejemplos y abundan los malos,
pues las personas situadas en la cúspide de la escala social, que debían de ser
imagen a seguir para los demás, se dedican a pervertir esos valores que
hipócritamente dicen defender, desarrollando un comportamiento que encierra
todo lo negativo y perverso que somos capaces de albergar, exponiendo de una
manera descarada ante toda la sociedad la ruindad a que son capaces de llegar
estos desaprensivos dirigentes, portadores de los más bajos instintos y de los
más censurables comportamientos.
Ese
no es el camino, o se cambia de ruta o el precipicio esta cerca. Se necesitan
conductores avezados, honrados, diestros y esforzados, y ahí radica el
problema, ¿como encontrarlos ¿ desde luego no en las alturas. ¿DONDE ESTAN¿……….
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